ARTE
Lydia Gil Albuquerque, 27 may (EFE)- El Centro Cultural Nacional Hispano en Albuquerque presenta la exposición "Puerto Rico Literario" que abarca 6 décadas del cartel de arte en Puerto Rico.
La colección de carteles de arte pertenece a Jerry Last y Lydia Espada Last de Brooklyn, quienes llevan más de cuarenta años adquiriendo afiches y grabados puertorriqueños.
Según Jovie Last, sus padres comenzaron la hoy impresionante colección por casualidad.
"Mi padre era maestro de arte en la Tilden High School en East Flatbush (Brooklyn) y heredó una docena de afiches puertorriqueños que se habían quedado sin salón", explica.
En ese entonces, los años 60 la madre de Last había vuelta a la escuela "para estudiar su cultura, la cultura puertorriqueña." "Desde entonces se da la tarea de adquirir e intercambiar ejemplares de la gráfica puertorriqueña con mucho entusiasmo y con la disciplina de una bibliotecaria...", añade.
La colección evidencia los cambios sociales, políticos y culturales que se experimentan en la isla a fines de la década del 40 y que, paradójicamente, pueden manifestarse a través de la gráfica gracias a programas de la Works Progress Administration.
En 1949 se crea la División de Educación de la Comunidad la cual impacta enormemente el desarrollo de la gráfica en Puerto Rico, motivando una producción con fines educativos que facilitara el paso de una sociedad rural a una urbana.
Por lo tanto, la gráfica de los 50 evidencia una temática didáctica que ambiciona llegar directamente al pueblo y por medio de estos mensajes sencillos y en español, luchar contra la asimilación cultural y política que avanzaba la presencia estadounidense en Puerto Rico.
Según Reuben Last, el público a quien se dirigían los carteles originalmente no era un público citadino como lo fue en París, sino uno rural.
Según Last, los carteles se distribuían para colgarse en las escuelas y tiendas rurales y hasta de los troncos de los árboles.
No se trataba tampoco de imágenes de moda o lujos como en los carteles de arte europeos, sino de mensajes sencillos como el famoso cartel de Irene Delano que lee: "Defiéndalos: Láveles las manos antes de comer. Lo sucio causa enfermedades." Los carteles serigráficos de la época poseen diseños sencillos, con poca variedad de colores pero saturados de color.
Para esa época comienzan a destacarse los que llegaran a convertirse en maestros de la gráfica puertorriqueña: Lorenzo Homar, Rafael Tufiño y Carlos Raquel Rivera.
Herederos culturales del muralismo mexicano, estos artistas reconocen el poder del grabado de llegar directamente al pueblo y crear así una conciencia social y avanzar su propuesta política.
Según Last, unas diez personas a cargo de la producción lanzaban ediciones promedio de 7.000 carteles individuales.
Aunque la gráfica de los 60 exhibe una temática de intensa protesta social también se ven los carteles conmemorativos dedicados a patriotas y personalidades de las artes autóctonas.
En las décadas del 70 y 80, se observa el cartel como medio de promoción de eventos culturales desde los juegos panamericanos de 1979 hasta festivales de teatro, música y artes populares.
Este nuevo rol del cartel se hace posible gracias al desarrollo de técnicas de reproducción más económicas.
Los carteles de los 90 muestran un mayor sentido de libertad artística, con un gran uso de abstractos que sugieren sutilmente sus mensajes de conciencia social y resistencia cultural.
Como dicen sus organizadores, esta colección, que estará abierta al público hasta el 31 de agosto, es más que una serie de carteles a través de las décadas, son "imágenes visuales de una identidad nacional." EFE lg/cs
Terra/EFE