Estados Unidos
La Casa Blanca, durante el mandato de George W. Bush, es conocida por sus secretos y su estricto control de los mensajes, y un nuevo libro escrito por el ex secretario de prensa detalla las medidas extraordinarias adoptadas para controlar el tipo de información que salía de la residencia presidencial.
El mantener a su principal portavoz --y con ello a la prensa y al público-- lejos de las fuentes de información no es una medida poco común, pero Bush la ha llevado a nuevos límites, escribió el ex vocero de la Presidencia Scott McClellan.
Bush le dijo al predecesor de McClellan, Ari Fleischer, que a propósito no le hablara de ciertos temas. La entonces asesora de seguridad nacional Condoleezza Rice, redujo la autoridad de Fleischer para leer algunas notas de las conversaciones telefónicas entre Bush con otros dirigentes mundiales.
Esta actitud se extendió a otros asesores de alto nivel, que se negaron a integrar al secretario de prensa, indicó McClellan.
"Ninguna persona encargada de mantener a los medios de prensa y al público informados sobre los trabajos del gobierno debería tener que jugar ese tipo de juegos frustrantes", indicó McClellan.
Por su parte, la secretaria de prensa Dana Perino indicó que fue culpa del mismo McClellan su alejamiento. "Uno puede estar tan adentro o afuera como lo desee", agregó.
Algunos asesores actuales y pasados de la Casa Blanca, que no estaban acostumbrados a que alguien del su círculo cerrado de pronto saliera a divulgar lo ocurrido, reaccionaron al libro, explosivo _y ciertamente atractivo para ventas_ , intentando desacreditar a su antiguo amigo.
En algo parecido a un esfuerzo coordinado de los asesores, que es familiar para los periodistas que han cubierto por mucho tiempo la Casa Blanca, ellos han sugerido casi en los mismos términos que el ex vocero está traicionando a quien fue su jefe por dinero o ha reescrito sus memorias para cobrarse viejas diferencias con el mandatario.
Asimismo, han dicho que McClellan no tenía conocimiento de muchas cosas, con lo cual están infiriendo que su narración no puede ser confiable.
Sin embargo, su cadena de críticas sirve para fortalecer la acusación central en el libro de McClellan, de que Bush y sus asesores, algunos ellos con órdenes expresas, siempre han preferido lo secreto a la transparencia, en detrimento tanto de su mandato como del público.
"El gobierno del presidente Bush careció de una absoluta rendición de cuentas en gran parte porque el mismo presidente Bush no prefirió la apertura o la claridad de su gobierno", escribió McClellan en su libro "What Happened: Inside the Bush White House and Washington's Culture of Deception".
Terra/AP