América Latina
Los indígenas que cargan en sus espaldas los enseres necesarios para cubrir el Camino del Inca que conduce a las ruinas de Machu Picchu recuerdan a los chasquis, los mensajeros incas que recorrían a gran velocidad las vastas extensiones del imperio más poderoso de Sudamérica.
Masticando las vigorizadoras hojas de coca y haciéndose bromas en quechua, el antiguo idioma inca, estos indígenas, llamados "porteadores", recorren un sendero antiguo, repleto de ruinas, a alturas que asustan en los Andes.
Pero no llevan noticias ni pescados frescos del mar, como sus antepasados, sino tanques de gas propano, equipo de campamento y comida para cuatro días a ser disfrutada por turistas pudientes de todos los rincones del mundo. Todo por apenas ocho dólares diarios.
Las leyes peruanas permiten que 500 personas inicien el recorrido por el Camino del Inca todos los días, con rumbo al principal destino turístico peruano, el Machu Picchu. Más de dos tercios, unos 300, son porteadores. Muchos de ellos se quejan de que les pagan muy poco por una labor matadora.
El turismo en las ruinas incas atraviesa por un período de auge. En el 2007 unas 140.000 personas, incluidos turistas, porteadores, guías y cocineros, cubrieron el trayecto. Ello representa un aumento sustancial en relación con 1998, en que sólo 20.000 personas hicieron el recorrido, según el director del parque del Machu Picchu Fernando Astete.
Las leyes peruanas requieren al visitante pagar por una visita guiada, con comidas incluidas, y lo que en era una aventura de mochileros se convirtió en un costoso paseo en el que hay que invertir al menos 420 dólares.
Uno puede contratar a guías de Cuzco que cobran 350 dólares. Pero es probable que estos servicios reduzcan costos aumentando la carga de los porteadores.
Pese a lo exigente del trabajo y a la baja paga, los indígenas de esta zona andina, en la que no abunda el trabajo, ambicionan llegar a ser porteadores.
"Es un trabajo duro, pero sin el turismo, no tendríamos trabajo", declaró Faustino Quispe, porteador de la agencia Continental Tours, durante un recorrido.
"Pagan muy poco, apenas lo justo para mantener a nuestras familias", agregó Quispe, un hombre de rostro curtido que aparenta estar por los 50 años pero en realidad tiene solo 34. El dinero ayuda a complementar los alimentos que cultivan en pequeños lotes en el Valle Sagrado.
En sus espaldas cargaba un inmenso bulto con equipo de campamento, mucho más grande que las mochilas de los turistas. A los turistas, no obstante, les costaba seguir el paso de los porteadores pese a tener cargas más livianas.
Una ley del 2003 fijó un sueldo mínimo de unos 15 dólares diarios para un porteador y determinó que no puede cargar más de 25 kilos (57 libras). Esa norma mejoró un poco la situación laboral de estos trabajadores.
"Todo cambió en los últimos diez años", expresó Flabio Letona, quien trabaja con la agencia turística Llama Path.
Mientras masticaba hojas de coca para combatir la fatiga y los efectos de la altura, Letona dijo que trabaja como porteador desde principios de la década de 1990. Hoy tiene 55 años y sigue realizando esta tarea agotadora.
Letona, al igual que tantos otros porteadores, es del Valle Sagrado, donde la gente vive en pequeños lotes de tierra a la sombra de numerosas ruinas incas. Dice orgulloso que sus hijos aprendieron a leer y escribir en quechua en escuelas públicas.
"Antes (a fines de los años 90), cargábamos 60 o 70 kilos (130-150 libras) y ganábamos nueve soles diarios", o 4,50 dólares, manifestó.
Sin embargo, no todos gozan de las mismas condiciones laborales.
Víctor, de 22 años, no quiso dar su nombre completo mientras cubría solo el último tramo del ascenso a Warmiwanusca, o Paso de la Mujer Muerta en quechua, a 4.200 metros de altura (13.779 pies). El joven trabaja para Inca Trail Perú, que ha despedido a otros porteadores en el pasado por hablar con los turistas acerca de sus condiciones de trabajo y su baja paga, según dijo.
Indicó que lo hacen cargar más peso que el permitido, 30 kilos (66 libras), le pagan nueve dólares diarios y no le dan suficiente comida.
A diferencia de los porteadores de otras agencias, Víctor no tenía una botella de agua consigo y calzaba sandalias desgarradas. Sus pies estaban cubiertos por el polvo del camino.
Jorge Villasante, viceministro del Trabajo peruano, admite que no es fácil garantizar el cumplimiento de la ley del 2003.
Una inspección realizada por el Ministerio del Trabajo en junio del 2007 determinó que el 80% de las agencias turísticas violaba las normas. Sus porteadores cargaban más peso que el autorizado, no estaban bien alimentados y dormían en malas condiciones.
"Todas las agencias dicen que pagan el sueldo mínimo, pero sabemos, por lo que nos dicen los porteadores, que muchos reciben ocho o nueve dólares diarios", manifestó Villasante en una entrevista.
Las autoridades han instalado estaciones para pesar los bultos al inicio de los recorridos y fijaron multas de hasta 1.100 dólares para las agencias que violan las normas. Villasante piensa que estas disposiciones tendrán un impacto positivo.
José Antonio Góngora, fundador de Llama Path, opina que las agencias mismas tendrían que mejorar las condiciones laborales de los porteadores, sin necesidad de la intervención de lo que considera un gobierno ineficiente.
Góngora dice que comenzó a recorrer el Camino del Inca en 1992, como porteador y fue progresando hasta llegar a guía. En el 2004 abrió su propia agencia.
Según Góngora, muchas agencias obligan a sus porteadores a cargar hasta 40 kilos (90 libras) porque sus ejecutivos conocen a los empleados de las estaciones de peso.
Llama Path y SAS Travel sí suministran a sus porteadores uniformes y calzados adecuados, según lo que se puede ver en los recorridos.
Los porteadores de Llama Path también tienen seguro médico.
Letona dijo que el año pasado se lastimó el pie derecho durante un trayecto y no tuvo que pagar nada por el tratamiento médico que recibió.
Antes, si alguien se lastimaba en el trabajo, la agencia le decía "hasta la vista", según Fredy Condori, porteador de Llama Path de 31 años.
"La comida era terrible", afirmó Condori, aludiendo a la época en que trabajó con otras agencias. "En cuatro días no nos daban mucho de comer. Dormíamos en el piso y se filtraba el agua. Era un desastre".
Condori, quien es delegado de los trabajadores de Llama Path en el sindicato de porteadores de Cusco, que tiene 6.000 afiliados, asegura de que todavía reinan esas condiciones en el camino.
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Terra/AP