La pesadilla de ser refugiado
La severidad de las palabras del comandante guerrillero calaron la piel de Diego* como balas. ‘…nombra a mi hermano y a mis padres con direcciones y números de teléfono… si usted no se va del país, vamos a empezar a buscar a su familia para hacerlos pagar por la traición que usted ha cometido contra nosotros’.
Diego* no tuvo más remedio que escabullirse, no dejar rastro y mentir: ‘Padre, me enamoré y quiero dejar la comunidad’.
Han pasado dos años. Hoy por hoy sus palabras se llenan de nostalgia cada vez que habla de aquellos días en los que impartía fé y esperanza a los pobladores de la región de la mano de sus colegas religiosos.
Si pudiera devolverse en el tiempo un elemento cambiaría ‘ Hubiera sido más cauteloso a la hora de llevar mis propuestas a la vereda donde estuve. Sin embargo lo que creo es que si mi familia no hubiera sido amenazada, aún estaría en Colombia’.
Lo cierto es que su vida le fue arrebatada de súbito, irónicamente hoy día, éstas palabras dichas por el comandante de las FARC, resuenan en su cabeza como una sentencia de muerte ‘...corre con suerte por estar más cerca de Dios y por eso, le respeto la vida’.
*El nombre del personaje ha sido cambiado
Terra USA/Erika Montoya
