Internacional
Por Paulina Modiano
SANTIAGO (Reuters) - La decisión adoptada por la Unión Europea hace pocos días de "penalizar" la inmigración ilegal con duras sanciones causó molestia y desazón en la gran mayoría de los países latinoamericanos que, a coro, rechazaron la medida que afectaría a muchos de sus connacionales.
Desde la amenaza del presidente venezolano, Hugo Chávez, de suspender la venta de petróleo a los países europeos que apliquen las nuevas políticas, hasta el Gobierno de Chile, que "deploró" la decisión de "criminalizar a los inmigrantes," las reacciones fueron, con más o menos estridencia, adversas.
Y aunque algunos analistas creen que la amenaza de Chávez no pasa de una bravata, "porque el petróleo es su arma para ganar figuración política," también estiman que no se puede hacer oídos sordos al problema de la inmigración.
Pero, ¿qué puede hacer la región para rechazar con eficacia la disposición conocida como "Directiva de Retorno" que partiría el 2010 y que, entre otras cosas, permitiría castigar a los extranjeros ilegales que busquen empleo con hasta 18 meses de prisión?
RESPUESTA EFICAZ
Como suele suceder por estas latitudes, las opiniones de los expertos están tan dividas como el propio continente; pero, en general, no son muy esperanzadoras.
Un signo de la realidad sobre la que estamos parados, dicen algunos analistas, que consideran que -aparte de una comunidad territorial y hasta cierto punto cultural-, América Latina nunca ha tenido la capacidad de actuar realmente como un bloque regional.
Entre otras cosas, porque la diversidad política y económica de los gobiernos que actualmente imperan en la región es demasiado diversa y, en algunos casos, hasta antagónica.
A modo de ejemplo, Venezuela, Bolivia y Ecuador son países que miran con reticencia o, abiertamente, rechazan la inversión extranjera que para el continente, en gran parte proviene de Europa.
Curiosamente, esas naciones aportan buena parte de los inmigrantes ilegales al viejo continente.
En otros casos como el de Chile, México y parte de Centro América, sus autoridades están abiertas al libre comercio y a la entrada de capitales del bloque europeo, casi sin reservas.
Por ello, dicen expertos, por muy dura que se torne la postura de UE en contra de la inmigración ilegal, esas naciones difícilmente pondrán en juego sus relaciones diplomáticas con el pacto.
Como sea, la situación no parece estar para quedarse cruzados de brazos, si se considera que, de los 8 millones de inmigrantes ilegales que viven en los 27 países de la Unión Europea, según datos de Naciones Unidas.
Una gran mayoría son ecuatorianos y bolivianos, que envían remesas a sus países por varios miles de millones de dólares al año, lo que representa un enorme ingreso de divisas que aporta al crecimiento económico.
BATALLA ESTERIL
Al igual que en muchas encrucijadas, algunos gobiernos no desestiman la opción de que América Latina intente, aunque sea por una única vez, forjar una postura común que le permita negociar mancomunadamente con la UE.
El presidente peruano, Alan García, ya anunció hace unos días que pedirá a la Organización de Estados Americanos (OEA) que convoque a una cita presidencial para tratar la determinación europea.
En otra vereda, están quienes piensan que acuerdos más o acuerdos menos, intentar frenar el fenómeno de la inmigración con trabas, sanciones o muros de cualquier tipo no es más que querer tapar el sol con un dedo.
"Es la cara de la globalización que a muchos no les gusta, pero ese es el juego en que estamos y ya," dicen.
Más aún, aseguran que el actual no podría ser el escenario más complejo porque, a fin de cuentas, los latinoamericanos somos relativamente pocos.
¿Qué va pasar con las barreras de contención cuando deban enfrentarse a las oleadas de inmigrantes de China o del resto de Asia, que progresivamente van adquiriendo el poder adquisitivo para subirse a un avión y llegar a cualquier destino?
Ni las fortificadas murallas de Roma, ni las fuerzas militares de su último general, Aecio, fueron capaces de detener el avance de lo antiguos inmigrantes, a quienes se trató despectivamente como "bárbaros."
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Terra/Reuters