América Latina
Por Carlos Alberto Quiroga
LA PAZ (Reuters) - El embajador de Estados Unidos en Bolivia, Philip Goldberg, regresó el miércoles a La Paz, tras dos semanas de consultas en Washington que parecen no haber despejado los nubarrones de tormenta que amenazan a las relaciones entre ambos países.
La tradicionalmente estrecha cooperación entre la mayor potencia mundial y el país más pobre de Sudamérica pasa por graves tensiones desde que el productor de coca Evo Morales, un combativo "anti imperialista" amigo del líder venezolano Hugo Chávez, asumió la presidencia boliviana en enero del 2006.
Goldberg retomó su puesto en momentos en que una dividida oposición política trata de modificar las reglas de un referendo convocado para agosto con el objeto de revocar o ratificar los mandatos del presidente, su vicepresidente Alvaro García y los prefectos (gobernadores) regionales, la mayoría opositores.
El diplomático dijo al arribar en la mañana a la capital boliviana que tenía el propósito de dialogar con el Gobierno de Morales en procura de normalizar las relaciones y reactivar la cooperación entre Washington y el tercer productor mundial de coca y cocaína, después de Colombia y Perú.
"No quiero hacer más declaraciones antes de conversar con el Gobierno," dijo en un breve encuentro con reporteros.
Casi al mismo tiempo, el ministro de Gobierno, Alfredo Rada, declaró que La Paz esperaba un cambio de actitud del diplomático, quien fue reiteradamente acusado por el presidente Morales y sus colaboradores de alentar actividades de desestabilización política y hasta planes de secesión.
"Sabemos que la oposición está dividida en relación al (referendo) revocatorio y bueno (...), espero que Goldberg no esté volviendo para unificar a la oposición de cara al revocatorio y ser el articulador político de una oposición que no sabe qué hacer," dijo Rada.
Reveló que, en señal de que poco parece haber cambiado en ausencia de Goldberg, un prominente prefecto opositor se reunió el martes en La Paz con funcionarios de la embajada estadounidense, que luego se encontraron con uno de los líderes de la oposición, el magnate del cemento Samuel Doria Medina.
Goldberg fue llamado a consultas en Washington con el argumento de que violentas protestas frente a la sede de la misión estadounidense, a principios de junio, pusieron el peligro al personal de la embajada en La Paz.
El presidente Morales aplaudió esas protestas, convocadas por organizaciones sociales de la ciudad de El Alto luego de revelarse que Estados Unidos concedió asilo político a un ex ministro boliviano procesado en el país andino por genocidio y delitos económicos.
Morales celebró también, la semana pasada, la decisión de los sindicatos cocaleros de la región central de Chapare, su cuna política, de expulsar a la agencia de cooperación estadounidense USAID por supuestamente financiar actividades políticas de oposición.
A esto se sumó el lunes la revelación gubernamental de que Estados Unidos suspendió los trámites para otorgar a Bolivia una donación de más de 600 millones de dólares, de la denominada Cuenta del Milenio, que Morales pretendía utilizar en una carretera entre La Paz y distritos amazónicos.
(Por Carlos Alberto Quiroga. Editado por Silene Ramírez)
Terra/Reuters