Internacional
Por Jeffrey Heller
JERUSALEN (Reuters) - Un mortífero ataque con una máquina excavadora por parte de un residente palestino de Jerusalén dejó a Israel tratando de resolver el jueves el dilema de cómo mantener la seguridad en la ciudad junto con la premisa de que no sea dividida.
Israel capturó Jerusalén Este en la guerra de Oriente Medio de 1967 y la anexó junto con los poblados cercanos en una medida no reconocida internacionalmente, otorgando a los residentes palestinos tarjetas de identidad israelíes que les dieron amplia libertad de movimiento.
Al emitir los mismos documentos utilizados por los judíos, Israel estaba enviando una señal indicando que Jerusalén Este, que los palestinos quieren como capital de un futuro Estado en Cisjordania y la Franja de Gaza, es parte de la "capital indivisible" del Estado judío.
Pero el ataque del miércoles en el ajetreado camino de Jaffa en Jerusalén, en el que murieron tres israelíes, y un tiroteo en marzo -también en la parte judía de la ciudad, en el oeste y que dejó ocho israelíes muertos en un seminario religioso- se han combinado para generar particular preocupación.
Ambos ataques fueron llevados a cabo por palestinos desde áreas que Israel considera como parte de Jerusalén Este. A diferencia de los palestinos de Cisjordania, en donde el Estado judío construyó un controvertido cerco, los dos hombres podían trabajar y viajar por toda la ciudad.
Luego del incidente del miércoles, el primer ministro, Ehud Olmert, propuso la demolición de las viviendas de los residentes de Jerusalén Este, la parte árabe de la ciudad, que llevan a cabo ataques contra los israelíes.
"Creo que debemos ser más severos en los medios que utilizamos contra los perpetradores del terror," dijo Olmert en una conferencia económica en la ciudad portuaria sureña de Eilat.
"Si tenemos que destruir viviendas, entonces debemos hacerlo, y si debemos frenar sus beneficios sociales, entonces debemos hacerlo. No puede haber un caso en el que nos masacren y al mismo tiempo obtengan todos los privilegios que provee nuestra sociedad," agregó.
Pero avisos de demolición posiblemente llevarían a contramedidas legales por parte de los palestinos de Jerusalén Este en tribunales israelíes, así como protestas internacionales acerca de que destruir una casa que el atacante compartía con otros miembros de su familia es castigo colectivo.
"Demoler la casa no es la respuesta. Eso es castigo para la familia, que no tuvo nada que ver con esto," denunció Imad Muna, residente de Jerusalén Este, de 44 años, destacando que el conductor de la excavadora murió en el ataque.
(Reporte adicional de Avida Landau, Editado por Juana Casas)
Terra/Reuters