América Latina
Por Enrique Andrés Pretel
CARACAS (Reuters) - Tras meses de duras acusaciones e insultos, los presidentes de Venezuela y Colombia se reunirán el viernes para intentar dejar de lado sus diferencias ideológicas y retomar un diálogo más pragmático sobre temas bilaterales, como el comercio y la frontera.
Con el conflicto colombiano como telón de fondo y con momentos políticos muy dispares, Hugo Chávez y Alvaro Uribe encararán su primer encuentro desde que se enemistaran a finales del 2007 en un escenario particular: un centro refinador en el noreste de Venezuela.
El audaz rescate la semana pasada de la política franco-colombiana Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes catapultó la popularidad del presidente Uribe y supuso un espaldarazo a su estrategia militar contra las FARC frente a las tesis negociadoras que defendía su homólogo Chávez.
Por su parte, el líder venezolano también mantiene un alto respaldo popular pero con crecientes problemas domésticos meses antes de unas elecciones regionales clave para su futuro político. A la vez, su imagen internacional quedó resentida por el amigable discurso que mantiene hacia la guerrilla.
Ambos dignatarios explotaron su enfrentamiento personal y político en los últimos meses para reforzar su liderazgo interno, pero no pueden seguir con el juego porque la dependencia económica mutua les obliga a entenderse y reconstruir las relaciones.
"Es un encuentro para conversar francamente, para poner sobre la mesa los distintos temas, para reencontrarse desde el punto de vista político y ordenar un cronograma de acciones sobre los temas vitales de la cooperación fronteriza, energética, económica, comercial," resumió el miércoles el canciller venezolano, Nicolás Maduro.
Analistas consideran que Uribe llega fortalecido al encuentro, pero el saldo del comercio binacional de unos 6.000 millones de dólares favorece ampliamente a Colombia por lo que debe suavizar la tensión para evitar que el perjuicio del vital flujo económico se traslade a su imagen política.
"Estamos muy esperanzados en que esa reunión bilateral produzca unos dividendos para el crecimiento de los dos pueblos," dijo el miércoles el embajador de Colombia en Venezuela, Fernando Marín Valencia.
Mientras, Chávez busca asegurar el clave suministro comercial proveniente del país vecino para evitar nuevos focos de escasez en productos básicos como la leche, una situación que ya minó la imagen de su Gobierno durante la campaña para el referendo constitucional que perdió el pasado diciembre.
HERMANO VS LACAYO DEL IMPERIO
Uribe aseguró que acude con "entusiasmo" a la invitación de su par venezolano, quien lo recibirá "como a un hermano" para tratar una agenda común que incluye la frontera de más de 2.200 kilómetros, donde el problema del narcotráfico y el contrabando se agudiza con la presencia de guerrilleros y paramilitares.
"Cordial pero mutuamente suspicaces es como describiría dónde quedarán las relaciones después (de la reunión)," dijo Adam Isacson, analista del Centro para la Política Internacional en Washington.
Este tono cordial viene precedido de meses de tensión en los que el Chávez llegó a acusar a Uribe, principal aliado de Washington en la región, de encabezar un "narcogobierno" y de ser un "mafioso, lacayo del Imperio estadounidense."
Por su parte, Bogotá denunció que información incautada a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) demostraría que Caracas dio apoyo financiero y militar a los rebeldes y copó titulares internacionales con su amenaza de llevar a Chávez ante tribunales internacionales.
Las buenas relaciones entre Colombia y Venezuela se truncaron en noviembre del año pasado, cuando Uribe retiró a Chávez de un proceso de mediación para lograr un acuerdo que permitiera el intercambio de rehenes en manos de la guerrilla, entre ellos la propia Betancourt, por rebeldes presos.
La disputa tuvo su punto álgido en marzo, cuando Venezuela mandó tropas a la frontera y restringió el comercio bilateral luego que Colombia atacó a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, lo que generó la mayor crisis regional en años.
Chávez, quien sigue abogando por unas negociaciones de paz con los rebeldes marxistas, pidió a la comunidad internacional que los dejara de considerar terroristas luego de que le entregaran unilateralmente seis rehenes a principios de año.
Sin embargo, tras la reciente muerte de Manuel Marulanda, líder y fundador de las FARC, varió su discurso hacia uno menos estridente y exigió a la guerrilla deponer las armas y liberar a todos los rehenes para propiciar conversaciones de paz.
(Por Enrique Andrés Pretel, editado por Silene Ramírez)
Terra/Reuters