América Latina
Por Paulina Modiano
SANTIAGO (Reuters) - Hace algunos meses se amenazaban, maltrataban y acusaban de las peores fechorías. Ahora se dieron un apretón de manos, anunciaron proyectos comerciales binacionales y dieron por zanjada una disputa que, en algún minuto, hasta insinuó un conflicto bélico.
Así de bipolar ha sido la relación entre los presidentes de Colombia, Alvaro Uribe, y de Venezuela, Hugo Chávez, en los seis años en que han coincidido en el mandato de sus respectivos países.
No es la primera vez que ambos líderes, con posturas políticas radicalmente opuestas, se pelean a muerte y luego se reconcilian.
Por eso, en ambas naciones vecinas muchos se preguntan ãcuánto durará esta vez la tregua tras el encuentro de hace pocos días en la ciudad venezolana de Coro?
FRIA AMISTAD
La respuesta no es fácil, dados los ires y venires históricos entre ambos líderes.
Sin embargo, analistas coinciden en que, al menos en la coyuntura actual, Uribe y Chávez enfrentan desafíos políticos internos y externos que los motivarían a intentar perseverar en una relación fríamente amistosa, que les reporte mutuos beneficios.
Para Hugo Chávez, desde hace tiempo la pista está pesada en el frente doméstico e internacional.
Su popularidad entre los venezolanos, aquejados por el desabastecimiento y la inflación pese a los grandes ingresos petroleros, ha ido en persistente baja.
Ya tuvo un revés en diciembre pasado cuando perdió un referendo que pretendía ampliar más su poder y permitir la reelección presidencial indefinida. Y ahora, en noviembre, debe enfrentar comicios municipales y regionales que, según algunas encuestas, no auguran muy buenos resultados para el "chavismo."
Mejorar la situación doméstica, particularmente la escasez de alimentos, de los cuales Colombia es un vital proveedor dada su condición de segundo socio comercial, es urgente para Chávez, opinan analistas.
En el frente externo, el gobernante venezolano tampoco ha tenido mucha suerte. Su discurso agresivo y rupturista no ha favorecido el liderazgo que ha pretendido imponer en la región y los países que aún son su seguidores están sumidos en sus propias crisis, como Bolivia y Ecuador.
Para colmo de males, el rol protagónico que pretendió jugar como mediador con las FARC, para lograr la liberación de los rehenes que mantiene la guerrilla izquierdista, fue desacreditado por Uribe y no dio los resultados esperados.
LATENTE FRAGILIDAD
En la vereda opuesta, Uribe se encuentra en el tope de su popularidad, con un respaldo de 91 por ciento, tras la operación militar que permitió el rescate de 15 rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), entre ellos la emblemática ex candidata presidencial Ingrid Betancourt.
Esa jugada validó entre los colombianos su política de lucha frontal contra la guerrilla más antigua de la región.
Pero, internacionalmente, muchos países, incluyendo los del vecindario de los cuales se encuentra bastante alejado, siguen abogando por un proceso de paz que incluya los buenos oficios de otros gobiernos, incluyendo a Venezuela, para lograr la liberación de los cientos de rehenes de las FARC.
La propia Betancourt afirmó hace algunos días que está dispuesta mediar entre Chávez y Uribe para "restablecer la amistad y confianza" entre ambos y tratar de resolver el problema de los rehenes.
Sin embargo, ese es precisamente el punto de entendimiento más conflictivo entre ambos mandatarios y el que ha motivado los roces más severos en los últimos años.
El primero fue en el 2005, cuando un guerrillero de las FARC fue capturado por la policía colombiana en la propia Caracas y ardió Troya. Luego los ánimos se calmaron por un buen tiempo, hasta el 2007, cuando Uribe apartó a Chávez de la mediación de las FARC.
El punto de quiebre llegó en marzo de este año tras un ataque del ejército colombiano en territorio ecuatoriano, que culminó con la muerte del segundo hombre de las FARC y ante lo cual Chávez llegó a movilizar tropas a la frontera colombiana.
Varios expertos consideran que no es casual que el actual entendimiento entre Chávez y Uribe se haya producido precisamente después del rescate de los rehenes, que motivó un cambio de discurso del mandatario venezolano frente a las FARC.
Si antes quiso que se los dejara de catalogar como "grupo terrorista," ahora aboga por su desmovilización y la liberación de todos los rehenes.
Analistas creen que mientras mantenga esa postura y deje de aparecer como "un aliado" de la guerrilla, la relación amistosa con Colombia podría perdurar.
De lo contrario, la fragilidad del acercamiento estará latente.
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Terra/Reuters