América Latina
Por Damián Wroclavsky
BUENOS AIRES (Reuters) - Desde la recuperación democrática en 1983, la vicepresidencia de Argentina ha estado lejos de ser una función opaca y protocolar para devenir en un trabajo riesgoso... para los presidentes.
Y el voto negativo que dio en la madrugada del jueves Julio Cobos, segundo en la línea de mando en Argentina, a un proyecto de ley clave que impulsaba su propio Gobierno es una nueva demostración.
La caída en el Senado de la iniciativa oficialista para ratificar un alza de impuestos al poderoso sector agropecuario provocó la derrota más amarga a la presidenta Cristina Fernández, que en diciembre sucedió a su influyente marido Néstor Kirchner. Y por un voto: el de Cobos.
La inusual desobediencia al mandato presidencial no es patrimonio exclusivo de este dirigente del opositor partido radical, que asumió su cargo de la mano de la mandataria Cristina Fernández de Kirchner, en una apuesta por sumar votos extrapartidarios a la fórmula del dominante partido peronista.
"No pienso renunciar," dijo el jueves el funcionario a periodistas, tras pasar una noche en vela, según reconoció.
El antecedente más próximo de la salida intempestiva de un vicepresidente en Argentina remite al año 2000, cuando Carlos "Chacho" Alvarez dejó su cargo y sumió en una crisis terminal al Gobierno del entonces mandatario Fernando de la Rúa (1999-2001).
En la saga de vicepresidentes díscolos también puede anotarse a Eduardo Duhalde, quien fuera segundo de Carlos Menem durante su primer mandato (1989-1995), para luego terminar erigiéndose en su máximo enemigo político, al punto de aguarle un intento por llegar a un tercer período en el poder.
Y hasta el propio Néstor Kirchner llegó a tener fuertes cortocircuitos con su vice, Daniel Scioli, antes de hacer las paces y promocionar su candidatura como gobernador de Buenos Aires, cargo que ejerce en la actualidad.
El presidente del bloque oficialista en el Senado, Miguel Pichetto, había advertido a Cobos -rebautizado como "El Satánico Doctor No" por el diario local Página 12- que debía renunciar si no apoyaba el proyecto oficial.
(Reporte de Damián Wroclavsky, Editado por Lucila Sigal)
Terra/Reuters