Ola de violencia
Los habitantes de esta ciudad fronteriza, quienes se sintieron aliviados hace cuatro meses cuando unos 400 soldados llegaron para poner fin a una ola de violencia relacionada con el narcotráfico, están pidiendo ahora auxilio, ante los supuestos abusos de los militares.
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Muchos pobladores acusan a los militares de saquear viviendas y de torturar a la gente, y el descontento provocó esta semana que más de 1.000 personas marcharan por las calles de Ojinaga, con carteles en los que piden que el presidente de México, Felipe Calderón, los proteja de sus propios soldados.
Ojinaga, fronteriza con la población de Presidio, Texas, no es la única ciudad en la que han surgido semejantes quejas. La gente en varias poblaciones donde el gobierno mexicano ha librado la batalla contra el narcotráfico dice que se siente cada vez más frustrada con las tácticas militares, una opinión que amenaza con socavar la operación nacional de Calderón.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos del país dice que ha documentado más de 600 casos de abusos desde que Calderón envió a 20.000 soldados a varias poblaciones del país para recuperar territorios controlados por los cabecillas del narcotráfico.
La Procuraduría General de la República asegura que los casos son hechos aislados. El ejército señala que investiga todas las denuncias y castiga a quienes violan la ley.
Pero muchos mexicanos consideran que los soldados se han convertido en parte del problema.
Una encuesta publicada el 30 de junio por El Diario de Ciudad Juárez encontró que apenas 18% de la gente que vive ahí aprueba totalmente la presencia del ejército. Dos meses antes, el índice de aprobación plena era de 65%.
Terra/AP

