Estados Unidos
Susan C. Montalvo-Gesser se sentó en una silla giratoria junto a una computadoras y comenzó a hablar con una pareja que buscaba asesoramiento.
"OK, empecemos este interrogatorio", dijo la abogada, que lucía una vestimenta informal.
Era el primer sábado del mes, día en que Montalvo-Gesser lleva a cabo su seminario mensual sobre inmigración en el centro comunitario La Plaza.
Montalvo-Gesser, la única abogada de Owensboro especializada en asuntos de inmigración, alternaba sin problemas entre el inglés y el español al hablar con Mariano Delarosa y su esposa Amanda sobre sus posibilidades de lograr la residencia permanente. Les hizo muchas preguntas acerca de cuándo llegaron a Owensboro y cómo.
Tosas las posibilidades que planteaba la pareja eran peligrosas. Si cometen un error, les dijo la abogada, puede tener consecuencias desastrosas para sus vidas.
"Nunca se sabe lo que va a pasar", les explicó. "No hay garantías".
"Las de inmigración son las leyes más complicadas del país, después de las impositivas", señaló días después en su oficina.
Montalvo-Gesser, de 32 años, está casada y tiene dos hijos. Integra la junta directiva de la Misión de Paz para los Niños de la iglesia San José, es una líder de las girl scout y pastora de la parroquia.
Además ayuda a los inmigrantes como su padre, Víctor Hugo Montalvo, quien vino a Owensboro de Bolivia en la década de 1960 para cursar estudios universitarios.
Su padre, quien vive en Houston ahora, y algunos parientes la visitaban este sábado.
"Me encanta" que haga trabajo voluntario, dijo el padre. "Este es un país de inmigrantes" y debería ser más fácil regularizar la situación migratoria, agregó.
Montalvo-Gesser, quien frecuenta la Catedral de San Esteban, dice que su fe la impulsa a ayudar. "Nuestras creencias nos enseñan a tenderle la mano al extranjero", dijo, acotando que Jesús fue un inmigrante.
La abogada recuerda su infancia en Owensboro, cuando había apenas cinco familias hispanas.
Completó la secundaria en la Owensboro Catholic High School en 1994 y cursó estudios en ciencias políticas y economía en la Universidad Washington de San Luis.
Se casó con Chad Gesser, otro nativo de Owensboro, y ambos se fueron a Nueva Orleáns para que ella pudiese hacer una especialización, pero las cosas no salieron como pensaban. Ella quedó embarazada y regresaron a Owensboro, donde Montalvo-Gesser comenzó a trabajar en ventas en una firma farmacéutica.
Estuvo tres años allí y se sintió muy desdichada.
"Un día encontré una carta que había escrito a los 17 años", en la que decía que quería estudiar leyes y se fijaba otros objetivos, indicó. Inmediatamente se preguntó: "¿Cómo puede ser que una chica de 17 años supiese exactamente lo que quería y yo me sienta tan perdida a los 25?".
Luego de pensarlo mucho con su marido, decidió ingresar a la Universidad de Louisville, que tenía la única facultad de derecho de la región con clases sobre leyes de inmigración.
"Luego del primer semestre, era la primera en la clase", dijo Montalvo-Gesser.
Tuvo su segundo hijo luego de dar los exámenes finales del segundo año de estudios.
Para cumplir con los requisitos de servicios públicos, organizó un seminario para los hispanos de Owensboro. A la primera reunión asistieron 200 personas.
Eso dio lugar a los seminarios mensuales de La Plaza, en los que cobra 35 dólares la hora, comparado con los 200 que cobra en su estudio. Asesora a entre siete y diez personas en los seminarios. "Ya tengo todo tomado hasta agosto", expresó.
La demanda que hay para sus servicios sorprende un poco a su estudio, Sullivan, Mountjoy, Stainback & Miller, reveló. Acotó que los casos de inmigración representan el 80% de su práctica.
Todos los años recibe unos 50 clientes nuevos, que llegan de sitios distantes como Nashville, Tenesí. Muchos son oriundos de Latinoamérica, pero también tiene clientes de Japón, la India, Taiwán, Italia, Nigeria, Alemania, Australia y Canadá.
Con frecuencia le dice a sus clientes que no puede hacer nada por ellos.
"Tienen que esperar que cambien las leyes", les explica, añadiendo que "probablemente sea el mejor consejo que les han dado por 200 dólares porque es la verdad".
"Tengo gente que ha sido residente permanente por 20 años y no se ha nacionalizado", a pesar de que quiere hacerlo, relató. Conoce un caso de un individuo cuyo hijo está peleando en Irak.
Montalvo-Gesser dice que su trabajo a veces es deprimente. "Pero otras una ayuda a la gente y eso la hace sentir bien".
"No hay mucha gente dispuesta a ayudar", manifestó Cheryl Norton, directora ejecutiva de La Plaza. "Ella está empeñada en garantizar que se respetan los derechos humanos de los hispanos aquí".
Terra/AP