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Una cerveza en una mano, en la otra la correa de sus dos perritos de nariz aplastada... Rick Schapira es uno de los fanáticos de los "happy hours" para perros que se desarrollan cada semana en el patio de un bonito hotel de Alexandria, un suburbio chic de Washington.
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"Por ellos", dice señalando a Teddy y Jingles, sus molosoides miniatura, "el 'happy hour' es la atracción de su semana". "Se excitan y corren a la puerta cuando les digo: ¡vamos a la 'Doggie happy hour'!", asegura.
En Estados Unidos, donde los animales están casi siempre prohibidos en los restaurantes, los "happy hours" especialmente concebidos para recibir a los mejores amigos del hombre así como a sus dueños, son un éxito.
En el hotel Monaco de Alexandria, casi 80 personas y varias docenas de perros se reúnen en el patio interior, en torno a un bar y grandes mesas.
Caniches, chow-chows, San Bernardos y mestizos se olisquean, comparten un plato de agua y reclaman una golosina "100% orgánica" a 2 dólares, mientras sus dueños toman un trago e intercambian elogios sobre sus mimados.
Algunos van incluso sin compañero de cuatro patas: "No tenemos perro. Pero mi hija los adora y aquí puede ver todas las razas, pequeños, grandes, mestizos", afirma Julie Curtis, que lleva a su hija de 13 años a los "Doggie parties" desde que tiene 10 años.
"A la gente le fascina esto", asegura Robert Hannigan, uno de los responsables del hotel que realiza estos encuentros caninos desde hace varios años.
Para octubre incluso prevén una noche de gala, con un premio para el mejor traje de dueño y perro.
"Fue mi entrenador quien me aconsejó venir y traer mi perro porque es bueno para él socializar", afirmó Judy Bennett, mirando a su boxer Salvador.
Terra/AFP
