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La ciudad china de Kashgar se encontraba protegida por fuertes medidas de seguridad el martes, a tres días de los Juegos Olímpicos de Pekín, luego del atentado del lunes que costó la vida a 16 policías y sobre el cual las autoridades dieron muy pocos detalles.
Los habitantes de esta localidad situada a unos 4.000 km al oeste de la capital china, en la región de Xinjiang, de mayoría musulmana, se mostraron reticentes a expresarse sobre este ataque.
Según la agencia oficial China Nueva, dos hombres a bordo de un camión embistieron a un grupo de 70 policías que corrían en su entrenamiento matinal. Luego lanzaron granadas y apuñalaron a los supervivientes. En el lugar se encontraron los restos de cinco artefactos.
"Fue horrible asistir a eso", dijo Wlodzislaw Duch, un turista polaco que fue testigo del ataque que terminó con la muerte de 16 policías. Fue uno de los peores atentados de los últimos años en China.
Los dos atacantes fueron detenidos. Se trata de dos uigures, la etnia principal de Xinjiang, integrada por musulmanes de lengua turca, precisó China Nueva.
Aparentemente estos dos individuos forman parte del ETIM, el Partido Islámico del Turkestán Oriental, afirmó el martes el diario oficial de lengua inglesa China Daily. El ETIM fue incluido en la lista de las organizaciones terroristas de las Naciones Unidas debido a la presión china y norteamericana.
El martes, los accesos a internet estaban cerrados en Kashgar, afirmaron los residentes de un hotel.
Policías irrumpieron en la habitación de un fotógrafo de la AFP y le obligaron a borrar las fotos que había tomado del lugar. Los periodistas eran seguidos el martes por agentes vestidos de civil.
Un empleado municipal uigur, encargado de barrer la calle donde tuvo lugar el atentado, se negó a comentar los hechos del lunes.
Los uigures, algunos de los cuales son acusados por las autoridades de llevar a cabo acciones independentistas violentas, se quejan de ser víctimas de represión y de discriminaciones por parte del gobierno central y de los han, la etnia mayoritaria china que en las últimas décadas se implantó de manera importante en Xinjiang.
Aunque condenó dicho ataque, la disidente uigur exiliada en Estados Unidos Rebiya Kadeer pidió a las autoridades chinas que no repriman a "los uigures pacifistas".
El gobierno chino no estableció si este atentado --que no ha sido reivindicado-- estaba vinculado a los Juegos Olímpicos que comienzan el próximo viernes. Las autoridades aseguraron que no temían por la seguridad de la llama olímpica en Pekín, durante el relevo que se inicia el miércoles.
Según expertos independientes, existe un riesgo de atentado islamista en China durante los Juegos, pero la capital china será un blanco difícil de atacar, sobre todo por parte de los radicales uigures, cuyos desplazamientos son muy controlados.
Los responsables olímpicos chinos afirmaron el martes que el gobierno se esforzaba para que los Juegos se desarrollen sin incidentes.
"Nosotros estamos en comunicación regular con nuestros colegas del Comité Olímpico Internacional y todos nosotros confiamos plenamente en que las autoridades chinas harán lo necesario en materia de seguridad para que los Juegos sean seguros", declaró a la AFP Sun Weide, portavoz del comité organizador.
Estados Unidos condenó "enérgicamente" dicho ataque. El presidente norteamericano, George W. Bush, partió el lunes de Washington para un viaje de una semana por Asia, durante el que asistirá a la ceremonia de inauguración de los Juegos el viernes.
Terra/AFP