Últimas palabras
Tras la ejecución, el padre de Elizabeth Peña, que estaba entre los testigos de la ejecución, dio leves golpes en el vidrio que lo separaba del cuerpo de Medellín, al tiempo que daba la vuelta para salir de la cámara.
"Nos sentimos aliviados", dijo Adolfo Peña. "Quince años es mucho tiempo, que ahora llega".
En la ciudad mexicana fronteriza de Nuevo Laredo, donde Medellín pasó parte de su vida, un grupo reducido de parientes condenaron la ejecución.
"Solamente Dios tiene el derecho de quitar la vida", dijo Reyna Armendáriz, prima de Medellín.
Terra/AP
