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Marines aprenden la destreza del cazador en sus entrenamientos

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18/8/2008 - 17:23(GMT)

El enemigo se ocultaba entre civiles en el campo de batalla urbano, y recorría las mismas calles polvorientas y los mismos concurridos mercados donde el cabo Derrick Terrell se encontró durante el año en que estuvo emplazado en Irak.

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El infante de marina dijo que se sentía totalmente ajeno a lo que lo rodeaba. En ese medio ambiente bélico, no era suficiente con hacer labores de patrullaje o tener buena puntería. Y es por ello que Terrell y centenares de otros marines se entrenan ahora con policías y cazadores, a fin de aprender a "cazar" a sus objetivos en medio de una multitud humana.

"Ojalá hubiera tenido ese entrenamiento cuando estuve (en Irak)", dijo Terrell. "De esa manera, le quitamos esa ventaja al enemigo. Ahora sé qué es lo que estoy buscando".

Denominado "Cazador de Combate", el programa, de dos semanas de duración, que se enseña en Camp Lejeune y Camp Pendleton, está diseñado para entrenar a los marines a acechar y eliminar a individuos potencialmente peligrosos.

El programa, que comenzó en abril del 2007, surgió de un concepto elaborado por el general James Mattis, quien descubrió la necesidad de dar a los soldados la destreza de un cazador mientras supervisaba fuerzas de combate en Camp Pendleton, en California.

Los instructores enseñan a los marines a prestar atención a los pequeños detalles, y cómo resolver problemas. Se les enseña a detectar anomalías en la conducta de los habitantes de una aldea, descubrir irregularidades, y seguir a personas que podrían ser insurgentes.

"Todos los terroristas y criminales siguen las mismas pautas", dijo Greg Williams, un agente de policía y cazador que enseña a los marines cómo hacer un esbozo de potenciales atacantes. "Les damos (a los marines) la capacidad de pensar como el enemigo".

En la primera semana, los marines aprenden cómo detectar a un criminal o al líder de un grupo en base a sus patrones de conducta tales como su vestimenta, cómo los aldeanos responden ante él, o a qué lugares se dirige cuando está en la aldea.

La segunda semana se concentra en el seguimiento. Los marines aprenden a ver "lo anormal", dijo Randy Merriman, un instructor civil en Camp Lejeune. "Se les enseña a localizar inclusive perturbaciones menores, tales como una rama rota, césped pisado, o basura que indica que alguien ha pasado por el lugar".

El examen final requiere que un equipo de seis francotiradores le siga la pista a dos instructores que han partido media hora antes. El seguimiento se realiza a través de varios kilómetros de espeso bosque de pinos y de terreno pantanoso cerca de Camp Lejeune, la principal base de los marines en la costa oriental de Estados Unidos.

Una reciente cacería comenzó cuando el cabo Charles Flaisher localizó una rama y vio que estaba rota y que las marcas eran frescas.

"Ahora podíamos ver si alguien había estado allí y si nosotros estábamos siendo perseguidos", dijo Flaisher, de 25 años de edad.

Durante varios kilómetros, el equipo persiguió a los instructores a través de espesos arbustos, y por un matorral tan denso que los marines tuvieron que arrastrarse de pies y manos.

Entre tanto, emplazados en un cuartel, a centenares de metros de la acción, más de una docena de equipos de marines constituidos cada uno por cuatro hombres, enfrentaron una prueba diferente: rastrillar una aldea simulada con un mercado al aire libre, una mezquita y una jefatura de policía, tratando de descubrir a enemigos.

Examinando el lugar con binoculares y usando sensores infrarrojos, los marines observaron y catalogaron cada detalle.

El equipo examinó las pautas de conducta de los aldeanos, y todo parecía normal. Pero, con el transcurso del tiempo, Terrell descubrió a un hombre vestido con pantalones de jogging que marcaba distancias contando sus pasos, y que dejaba caer un pequeño vaso para marcar la distancia. Algunos momentos más tarde, un policía fue baleado, y la aldea estalló en pánico cuando un francotirador abrió fuego. Terrell rápidamente localizó al francotirador, pero ya era tarde. El policía estaba "muerto".

Luego de la sesión de entrenamiento, Williams elogió a los marines por informar del francotirador, pero señaló que habían fracasado en su intento de identificar al agresor antes del ataque.

El sargento Chris Johnson dijo que el adiestramiento fue una experiencia que le abrió los ojos. Luego del primer día, dijo, comenzó a advertir cualquier conducta inusual.

Johnson, de 22 años, dijo que el entrenamiento lo ha hecho más alerta ante los cambios en pautas normales de vida. Pues en una zona de combate, es la diferencia entre la vida y la muerte.

"Uno nunca vuelve a ver el mundo de la misma manera", dijo Johnson.

El capitán Michael G. Murray, comandante de la compañía que supervisa el programa de entrenamiento dijo que "evidencias anecdóticas e informes de comandantes en el teatro de guerra dicen que ese adiestramiento está salvando vidas".

Terra/AP

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