Estados Unidos
Cuando un viajero llega por primera vez a Denver, en el recorrido de 30 minutos del aeropuerto a la ciudad se encuentra con un ambiente parecido al de Miami.
Hay nombres hispanos a los lados de la autopista, incluyendo los de algunas vías cuya ubicación los carteles anuncian con prominencia: Peña Boulevard y Havana Street (por el nombre en inglés de La Habana, la capital cubana).
En lo histórico, Miami y Denver coinciden en cuanto a que están ubicadas en territorio que solía pertenecer a la corona española.
Pero en lo geográfico Denver es diferente: esta ciudad, la capital del estado de Colorado, se encuentra a unos 1.700 metros (15.000 pies o una milla) sobre el nivel del mar y tiene en su sector oeste una impresionante vista de las Rocallosas con picachos nevados en invierno.
Por consiguiente, los folletos de información para los recién llegados a Denver están llenos de información sobre cómo aclimatarse a la altitud.
Pero este año, con ocasión de la convención nacional del Partido Demócrata que el jueves nominará a Barack Obama como su candidato presidencial, Denver tiene un mensaje extra para los 45.000 visitantes que espera: debe ser vista como la ciudad más verde de Estados Unidos.
Su plan de conservación ambiental se refleja hasta en el arte. Hay calles adornadas de murales y esculturas raras, incluyendo una de un oso azul que prácticamente se ha vuelto símbolo de una ciudad que tiene vías exclusivamente peatonales, lo que es poco frecuente en la nación.
El programa de arte callejero de Denver recibió un formidable impulso en 1998 por ordenanza de un alcalde hispano: Federico Peña. Su elección puede no parecer rara en una ciudad de casi 600.000 habitantes, de los cuales un tercio es de origen hispano.
Pero no siempre ha sido así debido a que, de acuerdo con la tendencia nacional, los hispanos empadronados no siempre votan.
El presidente demócrata Bill Clinton convirtió a Peña en el primer secretario hispano de Transportación y luego de Energía. Más tarde como alcalde, Peña decretó que el 1% de los programas municipales para mejoras de la ciudad superiores a un millón de dólares debería ser destinado al arte citadino.
El actual alcalde, John Hickenlooper, es también demócrata, y desde su llegada en el 2003 ya fue reeligido una vez. El continuó el impulso innovador metropolitano que lleva ya dos décadas y ha convertido a Denver en una ciudad sin congestión de tránsito, de gran desarrollo económico y sin desamparados callejeros.
La convención demócrata le dio a Denver la oportunidad para hacerse conocer como una ciudad verde, de fuerte protección ecológica. Algunos dicen que el entusiasmo puede haber superado la moderación.
Delegados y periodistas que asisten a la reunión de una semana están recibiendo un bolso con contenido poco común, el cual incluye un emblema (pin) de bicicleta para colocarlo en la solapa, que identifica la campaña de la ciudad; otro emblema que representa las hélices de un molino de viento para la generación de energía eólica; una radio FM de cartón reciclable para transmisiones de emergencia pública que pudieran presentarse; una botella de suplemento dietético; jugo natural, agua y una tarjeta de bienvenida que se puede sembrar, regar y ver cómo brota un tulipán, narciso u orquídea.
Terra/AP