Miles de evacuados
Desierta y con sus habitantes resguardados en sus viviendas, La Habana sufría este sábado el embate de los vientos huracanados y lluvias del devastador Gustav, que impactó una ínsula del suroeste de Cuba con fuerza brutal de categoría 4.
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Preocupados, los habaneros se movieron desde muy temprano febrilmente de un comercio a otro para completar una canasta de emergencia que les permitiera enfrentar a Gustav.
"No sabemos el tiempo que va a durar esto y teníamos que comprar comida ligera que podamos consumir sin necesidad de cocinar durante el ciclón y también para después", declaró a la AFP Evaristo Pérez, un mecánico de 62 años, que buscaba completar lo que denominó jocosamente su "canasta anticiclónica".
"Cuando has vivido algunos años y cientos de huracanes ya sabes qué comprar: pan, galletas, leche condensada, algo de dulces, refrescos, perros calientes", apuntó Pérez, quien se movía por el barrio del Vedado con dos bolsas repletas de comestibles.
Por la mañana, en casi todos los comercios de la ciudad se apreciaron largas filas, al igual que en las panaderías y cafeterías.
"Este dinerito lo tenía guardado para despedir las vacaciones de los nietos por todo lo alto y ya vez en que lo he tenido que gastar, así es la vida, pero al final doy gracias a Dios que lo tengo", manifestó Gladis Suárez, de 60 años.
Habituados al paso de los ciclones, los habaneros aseguraron desde días antes ventanas y puertas de sus viviendas, y corrían para abastecerse de alimentos; hervían agua y buscaban velas para alumbrarse en caso de apagón.
Terra/AFP
