Internacional
Por Katrina Manson
FREETOWN (Reuters) - Mujeres cargando maíz sobre sus hombros y niños vendedores ambulantes se detienen para observar a una modelo de piernas largas en un pequeño vestido azul mientras posa fuera de una tienda de ropa en Freetown, la capital de Sierra Leona.
Adama Kai, una diseñadora de modas que estudió en Nueva York y París, organizó la sesión de fotos para promover su nueva tienda y su firma, Aschobi Designs. Esta joven de 25 años descartó prospectos laborales en el primer mundo para venir a casa y perseguir su sueño.
"Tal vez allá tenga más oportunidades como diseñadora, pero aquí estoy haciendo una propuesta mayor," dijo Kai, quien nació en Nueva Jersey pero se mudó a Sierra Leona poco después y vivió allí hasta los cuatro años.
"Del mismo modo que Ralph Lauren representa a Estados Unidos, Chanel a Francia y Versace a Italia, quiero que Aschobi represente a la moda africana," sostuvo.
Su tienda se encuentra ubicada entre una pequeña imprenta y oficina de un periódico en el ajetreado centro de Freetown.
"Se que este es el último lugar donde uno esperaría encontrar alta costura. Pero quiero reemplazar toda esta oscuridad del pasado con belleza," señaló.
Sierra Leona, considerada por Naciones Unidas en el último lugar de países del tercer mundo, se está recuperando de una guerra civil que entre 1991 y el 2002 horrorizó al mundo ante las imágenes de niños soldados que cortaban con machetes las extremidades de residentes locales.
Se estima que entre 30 y el 50 por ciento de los habitantes de Sierra Leona calificados huyeron el conflicto, en el que murieron unas 50.000 personas.
Pero lentamente algunas de esas personas están regresando, reflejando una tendencia en el continente que ha visto el retorno de africanos profesionales para aprovechar las oportunidades comerciales en economías de rápido crecimiento.
"Todo el mundo piensa que yo debería estar en París, Londres o Nueva York," dijo Kai, quien fue a la misma escuela de moda que los diseñadores Marc Jacobs y Donna Karan.
La diseñadora trabajó en Nueva York como asistente de vestuario para la revista Flaunt y luego manejó portafolios creativos para una agencia de representantes.
"He renunciado a mucho por estar aquí y extraño París y el ambiente de la alta costura en Estados Unidos. Pero esto es realmente importante para mí," indicó Kai, quien lanzó su firma en enero.
"Este es mi único empleo. Esta es mi vida en realidad," agregó.
DE REGRESO A CASA
Puede que Sierra Leona sea uno de los países más pobres del mundo, pero el presidente Ernest Bai Koroma dijo en marzo que los inversionistas están mostrando una renovada confianza y que la ex colonia británica podría convertirse en un destacado destino para grandes proyectos comerciales en el oeste africano.
Se espera que la economía crezca un 7 por ciento este año, después de la tasa de expansión de entre 6,5 y 7 por ciento del año pasado. Pero alrededor de 57 por ciento de los habitantes de Sierra Leona todavía vive con menos de 1 dólar al día.
Buena parte de los entre 750.000 y 1 millón de sierraleonenses que salieron al exterior cuando empezó el conflicto aún no regresan, y sus remesas llegan a un promedio de 250 millones de dólares al año.
El dinero es vital, pero el Gobierno de Koroma busca una contribución más directa y está intentando que la gente regrese para ayudar a desarrollar un país con playas vírgenes, rico oro y diamantes y que posee las mayores reservas del mundo de rutilo, un ingrediente usado en el pigmento para pinturas.
Se estima que desde el término del conflicto regresaron al país unas 50.000 personas.
"Hay muchos de los que están regresando que tienen mucho éxito con la experiencia y las destrezas que el país necesita, pero por supuesto el salario no está allí," dijo Michel Sho-Sawyer, un asesor del presidente.
Sho-Sawyer, quien vivió en Estados Unidos durante 20 años antes de regresar en el 2007, gana un 60 por ciento menos de los honorarios que recibía como médico en el extranjero.
"Muchos de ellos incluso están dejando a sus familias atrás, pero están realizando estos sacrificios para volver y ayudar con el desarrollo del país," aseveró.
Los regulares cortes de luz, los mosquitos de la malaria y las rudimentarias condiciones de vida pueden ser un escollo para quienes regresan, pero muchos se sienten atraídos por el deseo de hacer la diferencia.
Se trata de una historia similar a la de la vecina Liberia, que se está recuperando de su propia guerra, también provocada por el comercio de diamantes y caracterizada por su extrema brutalidad.
Marie Wilson huyó de Liberia como refugiada durante la guerra civil de 1989 al 2003. Después de 12 años en Estados Unidos, donde trabajó en un almacén en Charlotte, Carolina del Norte, regresó y estableció un tienda donde vende arroz importado.
Wilson se refiere a la mandataria liberiana Ellen Johnson-Sirleaf, quien trabajó en el extranjero como economista del Banco Mundial y regresó para postularse a la presidencia, como "un modelo a seguir para las mujeres de Africa."
"No me gusta hablar de política. Todo lo que me gusta hacer son negocios, negocios y negocios (...) Alrededor del mundo hablamos sobre igualdad de género y un modo de promover esto es ayudando a las mujeres empresarias," dijo Wilson.
"RECIEN LLEGADOS"
Volver a casa puede ser duro. Quienes regresan a Freetown son conocidos peyorativamente como JC, las iniciales para "recién llegados en dialecto krio.
"Mucha gente aquí presenta cierto nivel de resistencia con los que regresan porque sienten que ellos fueron los que se quedaron aquí a lo largo del conflicto y sufrieron y ahora deben recibir todos los empleos," indicó Sho-Sawyer.
Cuando tenía cuatro años, Kai se mudó a Etiopía con su madre, quien trabajaba para Naciones Unidas. A los 13 años, fue a un colegio internado en Estados Unidos. Luego estudió moda durante dos años en París y un año en Nueva York.
La diseñadora, quien emplea entre tres y 12 sastres dependiendo de su flujo de trabajo, es considerada regularmente como una JC.
"Lo ven en tu cara -una luce fresca y saludable- y lo escuchan en mi acento. Probablemente tenga que vivir aquí unos cinco años para que la gente me acepte," agregó.
Vestida con un traje marrón y con su pelo atado, Kai sabe que se destaca entre la multitud de Freetown.
Sus diseños son incluso más atrevidos: una mezcla de verdes, naranjas, amarillos y rosas en figuras audaces, las prendas combinan estampados africanos drapeadas hábilmente con influencias modernas.
"Es como si todo estuviera dentro mi esperando salir durante tanto tiempo. Soy africana y eso en sí mismo es una propuesta. Es la idea que una misma lleva en la ropa: una luce el orgullo de lo textil," señaló Kai.
Sus vestidos cuestan entre 30 y 100 dólares, una abultada suma en un país en el que el producto bruto interno per capita promedio es de 216 dólares.
En su tienda, también llamada Aschobi Designs, sierraleonesas de clase media y extranjeros miran las prendas que cuelgan de percheros de madera, rodeadas por pilas de revistas de moda internacionales, incluyendo ediciones de Vogue de todo el mundo.
"Pienso que lo que estoy haciendo está en sintonía con lo que haría cualquiera que venga aquí a abrir una escuela o un hospital: se que está enriqueciendo a este país," indicó.
No dijo cuánto había invertido en su empresa ni dio detalles de su rentabilidad, salvo que todavía no está ganando dinero. Pero tiene grandes planes y espera empezar a exportar sus prendas a Estados Unidos el año próximo.
"Probablemente pierda más dinero del que gane por el momento pero quiero empezar a vender al por mayor. El mercado en Sierra Leona es muy pequeño. La gente que tiene dinero tiende a gastarlo en el exterior," declaró.
"Pero las ganancias llegarán. Sé que algún día seré una señora muy adinerada," dijo.
(Editado en español por Marion Giraldo)
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Terra/Reuters