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El huracán Ike renueva temores a su paso

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6/9/2008 - 19:23(GMT)

Para quienes viven a su paso, la temporada de huracanes provoca ansiedad aun antes de que los temibles fenómenos atmosféricos desencadenen su furia de lluvia y viento.

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Suzanne Bonner se pone el despertador a las 5 de la mañana para escuchar el informe meteorológico. En la televisión mira el Canal Meteorológico en vez de deleitarse con un partido de tenis. Y el primer número de teléfono que tiene automatizado no es el de su esposo sino de un contratista.

Mientras suele haber cierta displicencia entre quienes viven en islas y costas, es distinto para los que han experimentado la devastación de los huracanes y viven aterrados de que la tragedia se repita.

"Como todo el mundo, yo me entusiasmaba y me veía asida a un árbol en medio del viento", dijo Bonner, de 62 años. "Recién después que pasas por un huracán intenso como Andrew te das cuenta de su potencia y de que no tiene nada de divertido. Uno cambia para siempre. Nunca vuelves a ver la lluvia igual".

Fue Andrew en 1992 lo que destruyó su hogar y cambió su vida. Ahora, trece años después, el huracán Wilma le averió la casa. Entre uno y otro ha habido incontables advertencias de tormenta para agravar su inquietud.

Es una historia que se repite en la costa del Golfo de México y en el Caribe, escenario predilecto de los huracanes.

En Fort Lauderdale, en el Centro para Tratamiento de la Ansiedad en la Universidad Nova del Sudeste, los pacientes han mencionado sus temores sobre el huracán Ike más que sobre tormentas de los últimos años.

"La gente está muy nerviosa y esta incertidumbre sobre lo que va a ocurrir hace que se sienta peor", dijo el psicólogo Craig Marker. "Con todas las falsas alarmas que hay, yo esperaría que la gente la considerase exactamente eso. Pero es como si tuvieran la expectativa de que va a ocurrir nuevamente".

En la República Dominicana, Juan Cepeda, de 67 años, residente en Santo Domingo, dijo que empezó a respetar la fuerza de los huracanes cuando se vio afectado por primera vez por uno hace veinte años.

"Mi casa se inundó, toda la ropa estaba mojada, el televisor se arruinó; fue un desastre", dijo. "Es traumático vivir dos meses con ese olor a lodo".

En las Bahamas Randy Forbes, un chofer de 33 años, recuerda los edificios sin techo y las inundaciones que dejó el huracán Floyd a su paso cerca de Nassau en 1999.

"La destrucción hace que no quiera quedarme aquí", dijo.

Pero otros se han acostumbrado a las tormentas que el temor se ha apaciguado.

El mes pasado, el huracán Gustav desencadenó un deslizamiento que casi aplastó la casa de Easton Ellis, de 58 años, en Jack's Hill, Jamaica. Pero él se quedó tranquilo después de fortificar la casa y almacenar alimentos y agua. "Realmente no tengo miedo", dijo, "porque ya he visto muchos".

Terra/AP

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