América Latina
Por Paulina Modiano
SANTIAGO (Reuters) - El por estos días atormentado presidente boliviano, Evo Morales, recibió el lunes un cerrado respaldo de sus pares sudamericanos en una reunión de emergencia efectuada en Santiago.
¿Pero será suficiente el manto protector que intentaron tender los vecinos?, se preguntan analistas y los propios bolivianos, que viven hace semanas en medio de la violencia.
Muy pocos se atreverían a dar una respuesta cierta, considerando que los problemas que aquejan a Bolivia se arrastran prácticamente desde su conformación como república.
Dos mundos, con distintas etnias e intereses, que se miran con desconfianza y que nadie tiene claro si realmente se desean mezclar, para constituir una nación unitaria, más allá de los márgenes que se puedan dibujar en un mapa.
POLVORIN
Casi todos los mandatarios que integran la hace poco creada Unión de Naciones Sudamericanas, Unasur, acudieron al encuentro convocado por su líder temporal, la presidenta chilena, Michelle Bachelet, dando un fuerte respaldo al Gobierno de Morales y rechazando cualquier división de Bolivia, que pudiera alentar la oposición autonomista.
Pero también hicieron un casi desesperado llamado al diálogo político en la consternada nación altiplánica, que desde hace unas tres semanas se ha visto sacudida por enfrentamientos que han causado muertes, bloqueos de rutas, saqueos, y tomas de oficinas públicas y gasoductos .
Los presidentes vertieron sus mejores deseos para intentar desactivar el polvorín a punto de estallar en que se se ha transformado Bolivia y cuya mecha, según Morales, es atizada Estados Unidos, que busca derrocarlo apoyando a la oposición.
Bajo ese argumento, expulsó al embajador estadounidense la semana pasada, acto que imitó su aliado, el presidente venezolano, Hugo Chávez, quien también ofreció respaldo militar al Gobierno de La Paz.
Pero más allá de las acciones conciliadoras o estridentes del vecindario frente a la crisis de Bolivia, está claro que las soluciones no provendrán del exterior y tampoco caerán del cielo.
¿DIALOGO REAL?
En un intento por reforzar su compromiso con la pacificación de Bolivia, Unasur propuso crear una comisión que "acompañe" una mesa de diálogo entre e Gobierno y al oposición boliviana.
Ambas partes se encuentran tratativas desde hace varios días, buscando forjar un acuerdo que dé algún grado de satisfacción a ambas partes.
Dicen que han avanzado y que el consenso que se alcance, por un lado, consideraría modificaciones a una cuestionada nueva Constitución que Morales pretende aprobar; y que por otro, respetaría la autonomía que persiguen las ricas regiones del oriente.
Pero de diálogo se ha hablado una y otra vez, incluso desde mucho antes de que Morales asumiera el gobierno en el 2006 e iniciara su experimento de instaurar un sistema socialista en el país.
Las provincias orientales de Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija, que concentran el mayor potencial de riqueza del país, se opuesto desde un principio a ese proyecto y con el paso del tiempo el rechazo ha subido de tono.
A mediados de este año, esas zonas declararon sus autonomías a través de plebiscitos y en agosto, como vuelta de mano, Morales se impuso ampliamente en un referendo revocatorio de su mandato.
Sin embargo, en esa misma consulta los prefectos de los estados autonomistas también reafirmaron su poder y la situación quedó en un virtual empate.
Analistas estiman que desde ese momento la situación se radicalizó aún más, sacando a la luz las diferencias reales de un país dividido desde siempre entre un occidente indígena, pobre y tradicionalmente segregado y un oriente mestizo y mucho más pujante.
A estas alturas, poco importa cuál de los dos segmentos es mayoría, porque Morales, como primer presidente indígena y con gran respaldo de la población, no ha logrado subyugar a la otra mitad que numéricamente es inferior.
¿Tiene futuro Bolivia como un todo en ese escenario? Nadie sabe, salvo que nuevas generaciones más iluminadas puedan sortear el abismo que los separa y reinventarse como país, uno solo y esta vez en serio.
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Terra/Reuters