Estados Unidos
Enfrentando una creciente crisis económica, el presidente George W. Bush no solamente tuvo que tratar el viernes con un Congreso dividido en torno a una respuesta, sino con dirigentes internacionales preocupados por la posibilidad de que el caos se extienda a sus economías.
La crisis financiera fue uno de los temas principales durante el encuentro realizado en la Casa Blanca el viernes con el primer ministro británico Gordon Brown, y también en una previa conversación telefónica con el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.
Ambos líderes estaban especialmente interesados, al igual que los mercados financieros estadounidenses, en ver si Washington apoyaría un plan de rescate de varios miles de millones de dólares, que busca prevenir una catástrofe todavía mayor. Ambos dejaron en claro su apoyo a una acción definitiva.
Bush dijo a la prensa luego de un encuentro con Brown en la Oficina Oval, que se prolongó durante casi dos horas, que el dirigente británico preguntó si funcionaría lo que está siendo considerado en el Congreso y si sería aprobado.
"Le dije que el plan es lo suficientemente amplio como para marcar la diferencia y considero que va a ser aprobado", dijo Bush a la prensa luego del encuentro.
"Al enfrentar la turbulencia mundial, Gran Bretaña apoya el plan financiero. Independientemente de los detalles, es lo correcto que debemos hacer en medio de circunstancias difíciles".
Brown recomendó una mayor supervisión mundial para prevenir que ocurriera algo similar en el futuro, pero la Casa Blanca reaccionó con cautela ante la sugerencia.
"Necesitamos una solución sistemática al problema inmediato y luego debemos de considerar las supervisiones", dijo la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Dana Perino. "Vamos a llegar al momento y lugar precisos en que tendremos que actuar".
Terra/AP