Estados Unidos
No hubo nada parecido a Al Gore suspirando aburrido, o a George H.W. Bush revisando su reloj para ver cuanto tiempo faltaba antes de concluir el evento. Durante la mayor parte del debate del viernes por la noche, tanto John McCain como Barack Obama no bajaron la guardia ni perdieron su compostura.
En cambio, se pudo ver a dos candidatos en buena medida disciplinados que silenciaron las tendencias que les causaron problemas en debates anteriores. Y al hacer eso, también silenciaron los notables contrastes entre ellos.
De esa manera, el candidato presidencial republicano McCain, de 72 años de edad, no pareció muy viejo. Y su rival demócrata Obama, de 47 años, tampoco pareció excesivamente juvenil. En tanto McCain atacó con frecuencia, Obama ofreció respuestas cuidadosas, medidas.
Obama pareció menos distante y verborrágico que en el pasado. McCain evitó lucir como un ser colérico y preocupado, aunque en ocasiones respondió de manera malhumorada, o con una sonrisa irónica cuando escuchaba una respuesta que no le convencía. (En determinado momento, dijo que no había llegado a Washington "para ganar el concurso de Miss Simpatía").
Obama, a quien se había criticado en ocasiones su presunta falta de patriotismo por no lucir una bandera norteamericana en la solapa, ésta vez se puso la insignia. McCain, en cambio, prescindió de ella.
Los simpatizantes de Obama mostraron su descontento porque en reiteradas ocasiones McCain criticó a su rival diciendo que no entendía una cosa o la otra.
"Existe un problema cuando un candidato insiste en un punto acerca de lo que dice un rival", señaló Kathleen Hall Jamieson, directora del Centro Annenberg de Política Pública de la universidad de Pensilvania. "Es como si creyera que tampoco la audiencia entiende" lo que se está diciendo.
Hubo escaso humor durante la noche, tal vez porque el debate ocurrió en medio de una gran convulsión nacional a raíz de la crisis financiera. Y Obama mostró más cortesía que el senador por Arizona. McCain se negó a mirar a Obama, y todas sus respuestas las enfiló hacia el moderador, Jim Lehrer. Eso enfureció a la televidente demócrata Celeste Theis, de 55 años de edad. "John McCain no miró ni una sola vez a Barack Obama", protestó Theis. "Es como si él no hubiera estado ahí. Creo que es una falta de respeto, como si lo hubiera ignorado totalmente".
Lynn Donaghy, simpatizante de McCain, una madre de 33 años de edad, tuvo una opinión diferente.
"McCain se mostró frío y sereno", dijo. "Obama estaba temblando y tartamudeando". Otro simpatizante de McCain, Bill Brookshire, un banquero de 75 años de edad, se mostró más caritativo hacia Obama. "El habló muy bien, y es una persona simpática", señaló Brookshire. "Pero me sentiría más cómodo si (McCain) se encarga de gobernar el país".
Terra/AP