Crisis financiera
El Congreso de EE.UU., que afronta la ingente tarea de elaborar un plan de rescate financiero que reflote la economía, ha recibido últimamente presiones de todas partes, pero el rechazo a esa iniciativa dejó claro que, para los legisladores, la única súplica que vale es la de los votantes.
Cuando faltan cinco semanas para las elecciones en EE.UU., en las que además de Presidente se va a elegir la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los 100 puestos del Senado, los congresistas, que cada dos años deben revalidar en las urnas su mandato, han dejado claro que, lo primero, es su reelección.
Y, en un país donde no existe "disciplina de partido", los republicanos han interpretado, cada uno, su propia partitura, desoyendo no solo los ruegos de su líder, sino también las reiteradas amenazas casi apocalípticas del presidente George W. Bush.
De poco han servido las cada vez más solemnes intervenciones públicas de Bush en la que pinta un escenario catastrófico si el Congreso no lanza cuanto antes un salvavidas para Wall Street. De nada sirvieron igualmente las amenazas de congelamiento de crédito que acabará arrastrando tanto a empresarios como a consumidores.
Lo que sirve son las miles de llamadas que en estos días han inundado las oficinas de los congresistas insistiendo en que, de ayudar a Wall Street, nada. Lo primero, es el electorado.
Por ello, el rechazo del plan de 700.000 millones de dólares el lunes en el pleno de la Cámara de Representantes, reflejó no solo la falta de disciplina de ambos partidos, pese a que los líderes daban por hecho la aprobación del plan, sino también la nula influencia de Bush en el proceso legislativo.
Terra USA/EFE