Crisis
Pero la cantidad de postulantes no basta para mantener esta operación a flote.
Con frecuencia, cuando alguien ve a un hispano que habla poco inglés, da por sentado que es un indocumentado, dijo Jalkanen. Agregó que toda la fuerza laboral de Willoway tiene sus papeles en orden.
"Mucha gente ni siquiera sabe que existe este programa. Cuando ven un mexicano, piensan 'debe ser ilegal'. Pero hay muchos programas como éste por allí, con los que cualquiera puede venir. No tienen que ser de México. Pueden venir de cualquier parte con una visa de trabajo", señaló Jalkanen.
"Tienen contrato por 10 meses. Cuando solicitan empleo, reciben una visa de trabajo. La visa dice que solo pueden trabajar en Willoway Nurseries e incluye la duración del contrato: del 1ro de marzo al 1ro de diciembre", indicó.
Muchas de las críticas al programa de trabajadores temporales responden a actitudes preconcebidas, según Dave Geary, director del vivero de Huron.
"Nos encanta contar con estos muchachos. Hay alguna gente que siente un estigma. Pero son grandes tipos, que trabajan duro, como cualquier otro. Tienen familias y gente que quieren", expresó Geary. "Son nuestros amigos y los consideramos parte de nuestra familia".
Los sueldos en Willoway están bien por encima del salario mínimo, y los trabajadores temporales lo justifican.
Trabajan a la intemperie, en todo tipo de condiciones, incluso con lluvia helada y nieve, porque las plantas necesitan atención permanente, dijo Geary.
Acotó que no es fácil encontrar gente capaz de plantar, podar, sacar yuyos y realizar las demás tareas típicas de un vivero. Cada vez hay menos gente dispuesta a trabajar en los cultivos.
"Lo más importante para nosotros es que son trabajadores estables, gente que realmente entiende el trabajo, que trabajaba en el campo", dijo Greary. "Hay que estar acostumbrado a trabajar a la intemperie. Eso es lo más complicado".
El trabajo es duro. Adaptarse a la cultura estadounidense también. Nadie aprende el idioma ni las costumbres de la noche a la mañana.
Pese a que viene desde hace diez años y a que ha recibido clases durante los almuerzos, a Patiño sigue costándole hablar en inglés.
Terra/AP
