Francia
Pero lo superó. El ex maratonista dice que tiene una "voluntad de hierro", y que se ha habituado a las miradas y los comentarios.
APDespués del accidente, Chatelier llevó prótesis metálicas y algunos lo llamaban con motes como "Robocop". Después del transplante, al estrecharle la mano, algunos decían: "Esa no es tu mano, es la mano de un muerto".
Aprendió a no hacer caso.
"Uno no debe preocuparse por las miradas ajenas", dijo. Chatelier. "No son los otros quienes nos curan, somos nosotros mismos".
Ahora exhibe sus manos con orgullo. Hace ademanes efusivos y flexiona constantemente las muñecas, se masajea los dedos y hace crujir los nudillos: él lo llama "mantenimiento".
En la entrevista en la oficina de medio ambiente de Rochefort-sur-Mer, en el oeste de Francia, donde trabaja, Chatelier se arremangó para mostrar sus cicatrices: dos círculos en la mitad del antebrazo.
"Lindo trabajo, ¿eh?", dijo.
Le tomó tiempo empezar a decir "mis manos" en lugar de "las manos". Su cerebro tardó dos años en aceptar la donación.
"Finalmente me dije que eran parte de mí, que eran mías", dijo. "Pero sigo pensando en mi donante... Uno no puede olvidar a la persona que dona sus manos, que dona un órgano. Pienso que la joven (sometida al transplante facial) jamás olvidará a la señora que le dio parte de su cara".
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Terra/AP