Familia sin estómago
Hay que ver si hay suficientes casos potenciales en la población general para determinar si vale la pena hacer exámenes en masa, hay que averiguar si existen evidencias suficientes de que esos exámenes mejorarán la salud, y hay que saber si el riesgo de enfermedad es tan grande que requiere una intervención drástica para frenar sus efectos.
Por ahora "los exámenes en masa de ADN no están listos para ocupar un lugar prominente", dijo el doctor Ned Calonge, director de la Fuerza de Tareas de Servicios Preventivos, que formula recomendaciones sobre cómo pueden hacer las personas para evitar enfermedades.
Esa fuerza de tareas recomendó en fecha reciente que no se someta de manera rutinaria a las mujeres a exámenes para determinar si hay mutaciones dañinas en sus genes BRCA. Esas mutaciones aumentan los riesgos de cáncer de pecho y de ovarios. Sin embargo, la fuerza de tareas es partidaria de someter a exámenes a mujeres cuyos historiales clínicos muestren pautas sugestivas de cáncer. Una situación como la del cáncer de estómago en la familia Bradfield.
Slabaugh, que vive en Dallas, se reunió en fecha reciente con varios de sus primos en Las Vegas dos meses después que el último del grupo, Bill Bradfield, de Farmington, Nuevo México, se sometió a la operación.
Los primos fueron al casino, vieron espectáculos y cenaron en la Ciudad del Pecado.
"En lugar de vivir aterrados, decidieron enfrentar su destino genético", dijo el doctor David Huntsman, de la Universidad de Columbia Británica, que encontró la mutación del gen en la familia.
La mutación del gen CDH1 fue descubierta por primera vez en 1998 en una familia numerosa de Nueva Zelanda con antecedentes de cáncer de estómago. Aquellos con la mutación tenían un 70% de riesgo de cáncer de estómago.
Esa mutación mató a Golda Bradfield en 1960. Ella transmitió el gen defectuoso a siete de sus hijos. Seis murieron de la enfermedad cuando estaban en la cuarentena y en la cincuentena.
Sus 18 nietos se enteraron de ese gen defectuoso después que uno de ellos, David Allen, murió de cáncer de estómago en el 2003. El médico envió una muestra de sangre al laboratorio Huntsman, que confirmó la mutación genética.
Poco después, los 17 restantes fueron sometidos a exámenes. Once que tenían el gen defectuoso fueron intervenidos quirúrgicamente.
Slabaugh, afectado por la muerte de su madre cuando era un adolescente, no vaciló en hacerse la operación. El y otros cinco primos se operaron en Stanford. Los otros miembros de la familia lo hicieron en hospitales más cercanos a sus hogares.
"Me despierto cada mañana pensando que he ganado un día más de vida", dijo Slabaugh, un ejecutivo de mercadeo, de 52 años de edad.
Todavía se ignoran los efectos a largo plazo de la extirpación del estómago, cómo afecta la calidad de la vida.
Le demoró alrededor de un año a Linda Bradfield, una coordinadora de mercancías, de 55 años de edad, de Irvine, California, aceptar que carecía de estómago. Al principio, sólo podía consumir 800 calorías diarias, y estaba sometida a una estricta dieta blanda. Gradualmente añadió vegetales como lechuga y repollo, pero todavía no puede comer pan blanco, pues es difícil de digerir.
Sin embargo, Bradfield asegura que "la vida es bastante buena, inclusive sin un estómago".
Terra/AP
