HURACANES-"KATRINA"
26/08/2006 - 16:04(GMT)
Enrique Rubio Nueva Orleans (EEUU), 26 ago (EFE)- Un año después de la catástrofe del huracán "Katrina", la situación en Nueva Orleans no termina de despegar, pero la peor noticia es que muchos de sus habitantes han comenzado ya a perder la ilusión por levantar la ciudad.
La realidad en las calles se asemeja a la de Esperanza Hartley, que se ha dado un plazo de 30 días: o todo cambia, o agarra sus escasas pertenencias y se marcha a otro lugar del estado de Luisiana, "donde no haya huracanes pero siga haciendo calor".
Hartley llegó hace cinco años a Nueva Orleans para ganarse la vida sirviendo cervezas y bebidas frescas en una barra del Barrio Francés.
Para ella, perdida en el mar de cifras que manejan estos días los políticos y los medios de comunicación, las cuentas están muy claras: hace un año, antes del "Katrina", ganaba 1.500 dólares a la semana en propinas; hoy consigue únicamente unos 100 dólares semanales.
"Tan sólo espero que con lo que gane hoy pueda comprar algo de comida a mi gata 'Nefertiti'", dice Hartley, de 27 años, señalando un bote de plástico casi vacío.
Ella, que dejó atrás su pueblo natal en el estado de Virginia y un hijo en casa de su madre en Nueva York, regresó llena de sueños dos semanas después del huracán a Nueva Orleans, pero, aunque sus ingresos son ínfimos, ha visto cómo el alquiler de su casa se duplicaba en este tiempo.
Tras la fanfarria institucional y los llamamientos grandilocuentes a resurgir del fango que siguieron al huracán, la energía inicial se ha perdido en un lodazal de burocracia y desesperanza.
Un reciente sondeo del diario "USA Today" y la compañía Gallup aseguraba que un 30 por ciento de los retornados a la ciudad tiene la intención de mudarse si ve que la situación no mejora.
"Esto es como la relación con una mujer ¿sabes?", dice Shawn Bradton, un joven estudiante universitario. "No se rompe por un enfado sino cuando se acaba la ilusión por estar con la otra persona".
Otro que habla de plazos es Reqshu Bharadwag, un inmigrante indio que regenta una tienda de camisetas y recuerdos en la mítica calle Bourbon.
"Hay que esperar a que vuelva toda la gente que vivía aquí. Es un proceso lento, que todavía tardará bastante tiempo en definirse", cuenta.
Las calles del centro de Nueva Orleans no hacen nada por desmentir a Bharadwag.
Muchos establecimientos están cerrados a cal y canto, con tablones de madera que impiden ver los destrozos del huracán en su interior.
No en vano, el área metropolitana de Nueva Orleans ha perdido más de 184.000 puestos de trabajo en un año, según datos del mes de junio de las autoridades de la ciudad.
Sin embargo, algunos todavía encuentran fuerzas para el optimismo, como los hermanos Andrews, trompetista el mayor, percusionista el más joven, quienes aseguran que la ciudad está lista para "volver con más fuerza aún".
Que ese deseo se convierta en realidad depende en gran medida de que los turistas y visitantes vuelvan a la Ciudad del Jazz.
En un antro que deja escapar música rock ensordecedora, un animador con un micrófono invita en pleno mediodía a los escasos paseantes por la calle Bourbon a entrar y unirse a un grupo de turistas y dos albañiles latinoamericanos.
Cuando entra un desconocido, el hombre, tal vez sin quererlo, le despacha el estado anímico de la ciudad con una sola frase: "No me importa quién eres, ni de dónde vienes, sólo que ahora estás aquí, en Nueva Orleans".
Mientras, de fondo suena una canción cuyo estribillo dice "Let the good times come" ("Deja que lleguen los buenos tiempos") y fuera del bar "Blues Company" ha comenzado a llover con fuerza. EFE er/tb/ah/rt
Terra/EFE