Estados Unidos
07/09/2006 - 15:07(GMT)
Los viajeros tienen muchos motivos de inquietud en estos días, especialmente la posibilidad de que sus vuelos sean recibidos por perros de policía y expertos en explosivos a causa de algún objeto sin dueño o de un pasajero revoltoso.
Como ha ocurrido una y otra vez desde los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, hechos inofensivos como que algún pasajero se sienta enfermo en un avión puede desencadenar reacciones desmedidas. Cinco años después de los ataques, los expertos dicen que los funcionarios del gobierno y los ciudadanos siguen tratando de imaginar los límites saludables del temor.
"El problema es que cuando ocurren incidentes traumáticos, toma un tiempo restablecer el equilibrio entre una cautela razonable y un temor patológico", dijo Brad Schmidt, profesor de sicología en la Universidad Estatal de la Florida y experto en el temor. "Se prolonga esta fase de ajuste porque estamos viviendo en el contexto de estos hechos históricos".
Toda esperanza de que los estadounidenses se acercaran a retomar ese equilibrio se vio destruida por la reciente noticia de que se desbarató un supuesto plan para destruir aviones en vuelos de Gran Bretaña a Estados Unidos.
En las dos semanas siguientes al anuncio, media docena de vuelos fueron desviados debido al comportamiento de pasajeros que nada tenía que ver con el terrorismo. Hubo una serie de incidentes parecidos tras los ataques del 11 de septiembre.
La decisión de desviar un vuelo radica en definitiva en el piloto, que por lo general depende de la información que le suministra la tripulación. Klaus Goersch, vicepresidente de operaciones de vuelo en AirTran Airways y piloto de AirTran, dijo que no le sorprendió ver varios vuelos desviados luego del anuncio de Londres.
"Todos están particularmente atentos: pasajeros, tripulantes... y eso a veces puede generar una reacción excesiva", dijo Goersch. "Pero prefiero pecar por prudente que por inactivo".
Agregó que el programa de entrenamiento de AirTran usa posibles situaciones para ayudar a pilotos y asistentes de vuelo a determinar si un incidente tiene visos de ser una amenaza a la seguridad. Agregó que los tripulantes están conscientes de la necesidad de no crear pánico.
"Eso es parte del entrenamiento... Cuando uno evalúa una situación para determinar si algo es una amenaza real o no", agregó.
Pero ese escepticismo no siempre ha sido evidente para los encargados de responder a amenazas potenciales, como demuestran varios incidentes.
En julio del 2004, un vuelo de Southwest aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Baltimore-Washington y fue recibido por bomberos, ambulancias y una cuadrilla de expertos en el manejo de materiales peligrosos. Las versiones iniciales indicaron que varios pasajeros se encontraban en estado crítico, lo que suscitó el espectro de un tóxico o un agente biológico a bordo.
La causa fue mucho menos siniestra. Un pasajero se había enfermado y vomitó, lo que causó que otros dos hicieran lo mismo. El primero y un cuarto que experimentó dolores de pecho fueron tratados en un hospital local y dados de alta; todos los demás estaban bien.
Otros sustos en la región:
_El Capitolio en Washington fue cerrado en mayo después que un legislador oyó lo que le parecieron disparos en el garaje de un edificio de oficinas. Resultaron ser ruidos de construcción.
_Edificios del gobierno fueron evacuados y se despacharon jets en mayo del 2005 cuando un instructor de vuelos sobrevoló con un monomotor a cinco kilómetros de la Casa Blanca.
_Los dos túneles interestatales de Baltimore fueron cerrados en octubre del 2005 cuando un informante dijo a las autoridades que egipcios que vivían en el área planeaban volar un automóvil con explosivos dentro de uno de los túneles. La denuncia nunca se comprobó y los únicos arrestos efectuados en la comunidad egipcia fueron por violaciones a las leyes de inmigración y un caso de portación de armas no relacionado con el supuesto complot.
Michael Greenberger, director del Centro de Salud y Seguridad Interna de la Universidad de Maryland, destaca el caso de los túneles como un ejemplo típico de reacción excesiva.
"En cierto sentido comprendo al gobernador de Maryland, que tomó esa decisión, pero lo hizo sobre la base de información muy floja e imprecisa que le dieron fuentes federales. Allí fue cuando ocurrió la falla", dijo.
Greenberger culpa a los funcionarios del gobierno y no al público en general por ponerse nerviosos cuando enfrentan posibles amenazas. Dijo que la gente que denuncia hechos sospechosos son una primera línea de defensa vital contra el terrorismo.
"Es importante que el público viajero mantenga abiertos los ojos y los oídos y se interese en cosas muy inusuales", afirmó. "Eso ha demostrado ser uno de los disuasivos más eficientes para otro ataque terrorista".
Los viajeros entrevistados recientemente en el aeropuerto de Baltimore-Washington dijeron que no vacilarían en denunciar cualquier comportamiento extraño, aunque provocaran un aterrizaje imprevisto. Jarrett Solomon, de Washington, opinó que los viajeros deben darse cuenta de que determinadas acciones desencadenarán una respuesta.
"Siempre me pregunto por qué la gente se comporta así", dijo Solomon. "Si uno no puede gritar '¡una bomba!' en un salón lleno de gente, tampoco debería decir 'al-Qaida' en un avión".
Matthew Reisman, de Cheverly, dijo estar más preocupado por la eficiencia de las nuevas medidas de seguridad que por las reacciones desmedidas.
"Hay algún exceso de reacción, pero también creo que la gente se comporta peor en los aviones que antes", comentó Reisman. "Y si alguien se descontrola, prefiero que paren el avión".
El Dr. Colin Mackenzie, director del Centro Nacional de Estudio de Trauma y EMS, que estudia los casos de desastre, dijo que las agencias deben estar preparadas para la posibilidad de que una amenaza sea real.
"Si algunos pocos se incomodan por algo que no resulta ser nada, que sea así", afirmó. "Creo que es algo que tendremos que aceptar hasta que se logre un modo mejor de distinguir entre alarmas reales y falsas".
Terra/AP