Último adiós
En medio de gran congoja, la comunidad latina de Rogers Park, en el norte de Chicago, despidió hoy a los seis niños, hijos de mexicanos, que murieron el domingo 3 de este mes en uno de los peores incendios que recuerde la historia reciente de la ciudad.
Chicago, 13/Sept./2006.- "El justo, aunque muera prematuramente, gozará del reposo", dijo el obispo mexicano Gustavo García Siller, quien ofició una misa fúnebre en español en recuerdo de las víctimas en la iglesia San Jerónimo, repleta de fieles que desbordaron las instalaciones.
Mucha gente acompañó desde la calle, protegiéndose de la lluvia con paraguas, mientras en el interior el público -mayoritariamente latino- estaba compuesto por familias con hijos pequeños.
García, uno de los auxiliares del cardenal Francis George, Arzobispo de Chicago, dijo en la homilía que "aunque el dolor es tan único, tan suyo" de los padres que perdieron a sus hijos, la multitud presente era una muestra de "solidaridad profunda en un momento tan difícil y contrastante".
"Dios tiene a veces misterios que no entendemos, y es por eso que debe ser él quien les de consuelo y esperanza", dijo el obispo a los padres de los niños que yacían en ataúdes blancos alineados frente al altar mayor.
Augusta y Amado Ramírez perdieron a cinco de sus diez hijos en la tragedia, de entre 3 y 14 años, mientras que María Ramos perdió a su hija de 3 que estaba al cuidado de la familia Ramírez mientras ella trabajaba en la madrugada.
El Departamento de Bomberos de Chicago dictaminó que el incendio que destruyó un apartamento del tercer piso fue accidental, provocado por una de las velas que usaba la familia para iluminarse porque desde mayo pasado carecía de electricidad, ante las deudas acumuladas con la empresa ComEd.
Terra/EFE
