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Oaxaca espera, entre barricadas, desenlace conflicto en México

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2006-10-03 01:00:53 GMT

Por Adriana Barrera

Historia continua abajo

OAXACA, México (Reuters) - Antes inundada de turistas que visitaban sus coloridos mercados, su colonial arquitectura y las ruinas prehispánicas cercanas, la ciudad mexicana de Oaxaca es hoy una ciudad dividida y de calles desiertas al borde del caos.

Desde hace más de cuatro meses, miles de maestros iniciaron protestas en demanda de mejoras salariales a las que se sumó un grupo de extrema izquierda, lo que devino en actos violentos y que hasta el momento han dejado varios muertos.

Las protestas han incluido tomas de radiodifusoras, barricadas y el incendio de autobuses. Para acabar con ellas, los manifestantes piden la renuncia del gobernador del sureño estado de Oaxaca, Ulises Ruiz.

Ahora, el gobierno del presidente Vicente Fox asegura que busca llegar a una solución negociada, pero no descarta enviar efectivos para acabar con la caótica situación, que mantiene sin clases a 1.3 millones de alumnos.

Muchas calles del pintoresco centro histórico lucen abandonadas y los edificios coloniales tapizados de pintadas con leyendas en contra de Ruiz y a favor de las protestas.

Consignas como " Fuera Ulises de Oaxaca, " " Viva la huelga, abajo el mal gobierno, " " La resistencia, el arma principal, " llenan las paredes de casas, hoteles y restaurantes en Oaxaca.

" Yo estaría porque ya manden a la policía. Ellos (los manifestantes) hablan de ley, pero son los primeros en romperla. Todos estamos inconformes con ellos, " dijo Mariela Caballero, una mesera que ha trabajado 14 años en un restaurante en el centro de Oaxaca.

Madre soltera de dos hijas, Caballero dice que los turistas abandonaron la zona, que sus ingresos cayeron sustancialmente, mientras que compañeros suyos se quedaron sin trabajo.

" Nosotros vivimos de las propinas. Antes ganaba entre 100 (9 dólares) y 200 pesos diarios, ahora apenas llego a 10, 15 pesos, " señaló.

CIUDAD SECUESTRADA

En la plaza central, uno de los principales atractivos a donde cientos de turistas acudían por las noches para cenar, tomar una copa o visitar la majestuosa catedral, muchos comercios han cerrado y los pocos que abren lucen semivacíos.

Edificios públicos, el quiosco, los jardines y la parte frontal de un hotel cerrado han sido tomados por los manifestantes que instalaron campamentos, colgando mantas con consignas en los árboles y leyendas en las jardineras.

El gobierno del saliente Fox ha prometido resolver el problema -que ya ha golpeado económicamente a Oaxaca- antes de entregarle la banda presidencial el 1 de diciembre al oficialista Felipe Calderón.

Carlos Abascal, el secretario de Gobernación (Interior), convocó a nuevas negociaciones esta semana, que algunos creen que si fracasan llevarían al gobierno a utilizar la fuerza. El funcionario dijo que los manifestantes no pueden " tener secuestrada a la niñez (...) y a los habitantes de Oaxaca. "

" ¿Cuál secuestro?, " dijo Santiago García, un militante de la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO), una agrupación radical de izquierda que asegura representar a alrededor de 300 organizaciones con demandas sociales y políticas.

" Ellos tienen que justificarse con algo, pero finalmente quien provocó este problema fue Ulises. Si no hubiera habido represión esto no hubiera ocurrido, " añadió desde un campamento en el quiosco de la plaza central.

Calles de varias cuadras a la redonda de la plaza han sido bloqueadas al paso de vehículos por barricadas formadas por sacos llenos de tierra y escombros o de láminas sostenidas con palos y piedras. Algunos automóviles incendiados o pintados con consignas sirven de refuerzo.

Durante la noche, comisiones de vigilancia resguardan las barricadas y campamentos lanzando fuegos artificiales para anunciar su presencia o alertar sobre algún posible peligro.

Helicópteros militares sobrevolaron el fin de semana la ciudad, incrementando la tensión.

Aunque muchos militantes no temen a las fuerzas policíacas y aseguran que permanecerán en el lugar hasta las últimas consecuencias, algunos han revelado que tienen temor de que en cualquier momento lleguen fuerzas federales para reprimirlos.

(1 dólar = 10.98 pesos)

Terra/Reuters

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