Estados Unidos
06/10/2006 - 00:13(GMT)
La Casa Blanca intentó el jueves distanciar al presidente George W. Bush de toda reacción política derivada del escándalo sexual de mensajeros del Capitolio, diciendo que los congresistas republicanos estaban manejando el asunto y no necesitan que se les diga lo que tienen que hacer.
Bush no ha hablado con el atribulado presidente de la cámara baja Dennis Hastert, republicano de Illinois, u otros líderes republicanos de la Cámara de Representantes, y tampoco ha intentado hacerlo, señaló el portavoz presidencial Tony Snow.
"Todo el mundo quiere que el presidente salga y le diga a la Cámara de Representantes cómo debe hacer su trabajo", apuntó Snow, enfatizando que el Congreso y la Casa Blanca son poderes gubernamentales separados pero afines.
Algunos conservadores han pedido que Hastert renuncie porque él y su personal supuestamente no actuaron lo suficientemente rápido tras enterarse de advertencias sobre la conducta del ex congresista Mark Foley, republicano de Florida, quien renunció la semana pasada tras revelarse que había enviado mensajes sexualmente gráficos a mensajeros adolescentes del Capitolio.
Bush y el vicepresidente Dick Cheney respaldan al presidente de la cámara baja y no quieren que renuncie, agregó Snow, aunque el portavoz reconoció que los hechos del caso aún son inciertos.
"Por falta de información completa, estamos apegándonos a lo que tenemos", dijo Snow sobre Hastert.
A los republicanos les preocupa que el escándalo les cueste el control de la Cámara de Representantes y posiblemente el Senado en la elección del próximo mes.
Eso crearía incertidumbre en los siguientes dos años de la presidencia de Bush, dando a los demócratas el poder de cuestionar sus decisiones administrativas y desbaratar sus prioridades.
Una encuesta de The Associated Press-Ipsos halló que la mitad de los posibles votantes dicen que las recientes revelaciones de corrupción y escándalo en el Congreso serán muy o extremadamente importantes al momento de votar el próximo mes.
Terra/AP