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Hombre permanece detenido tras ataques terroristas en EEUU

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26/10/2006 - 14:23(GMT)

En una celda de un centro de detención de inmigrantes en Arizona se encuentra un hombre que no está acusado de haber cometido un delito, no es sospechoso de un crimen ni es considerado un peligro para la sociedad.

Historia continua abajo

Sin embargo, ha estado detenido cinco años.

Se llama Alí Partovi. Y de acuerdo con el Departamento de Seguridad Interior, es el último que permanece detenido de entre unos 1.200 árabes y musulmanes arrestados por las autoridades de Estados Unidos tras los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001.

Las autoridades no han ofrecido una lista completa y detallada de todos estos individuos, ni se ha llevado a la práctica una política federal prometida de antemano para proteger a la población contra los arrestos en masa.

Los grupos defensores de los derechos humanos intentaron dar seguimiento al destino de los detenidos, y algunos miembros del Congreso denunciaron los arrestos. Todos creían que los que habían sido arrestados habían sido deportados, liberados o enjuiciados a través del sistema de justicia penal.

Apenas a mediados de año se informó que un argelino, Benemar "Ben" Benatta, era el último detenido, y que su traslado a Canadá cerraba el capítulo de los arrestos posteriores a los ataques del 11 de septiembre.

Sin embargo, ahora The Associated Press se enteró de que cuando menos una persona _Partovi_ sigue detenida. El Departamento de Seguridad Interior insiste en que realmente él es el último bajo custodia.

"Ciertamente que como agencia no buscamos mantener a nadie detenido indefinidamente", dijo Dean Boyd, portavoz de dicho departamento. Boyd dijo que a ese organismo le gustaría deportar a Partovi, pero éste se niega a regresar a su patria en Irán.

Y por lo tanto sigue detenido, un vestigio curioso de una época muy difícil.

Apenas horas después de los ataques del 11 de septiembre _incluso antes de que quedara claro que habían concluido_ se le ordenó al FBI que identificara a los terroristas que habían logrado filtrarse en la sociedad estadounidense y capturar a cualquiera que pudiera haber estado trabajando con ellos. La operación del FBI fue llamada PENTTBOM; fue ágil e intensa, y lo que estaba en juego no podía haber sido mayor.

Cuando había dudas, indicaban las órdenes, había que arrestar primero y hacer preguntas después. Para facilitar las cosas se les autorizó a los agentes policiales que, si lo requerían, aplicaran cargos por violación a las leyes migratorias. No podía tolerarse el riesgo de que los terroristas se escaparan sólo porque no había evidencia suficiente para detenerlos bajo cargos de terrorismo.

Así, cientos de individuos que no eran terroristas ni estaban vinculados con éstos fueron colocados temporalmente bajo custodia municipal, del condado y federal.

Fueron detenidos en sus habitaciones mientras dormían, extraídos de cocinas de restaurantes en las que trabajaban, arrestados en la frontera, incluso en oficinas federales a donde habían acudido en busca de ayuda. Al concluir la operación, la exhortación del entonces ministro de justicia John Ashcroft a efectuar una "enérgica" campaña de arrestos capturó a más de 1.200 individuos en menos de dos meses.

La reacción inicial a las detenciones fue de confusión. Algunos miembros del Congreso, organizaciones líderes en la lucha por la defensa de los derechos civiles, activistas árabes y musulmanes, e incluso los reguladores internos del Departamento de Justicia, no sabían cómo reaccionar.

"Después del 11 de septiembre, todo el mundo fue sorprendido con la guardia baja. Había tanta confidencialidad en torno a las políticas del gobierno que se requirió que pasaran varios meses antes de que el público y los grupos defensores de las libertades civiles comenzaran a desentrañar lo que el gobierno estaba haciendo", dijo Lee Gelernt, abogado de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés).

Luego sobrevinieron las reclamaciones del Congreso, el inspector general del Departamento de Justicia, la ACLU, Human Rights Watch y activistas árabes y musulmanes para que se proporcionara una justificación que explicara la razón por la que estos individuos estaban detenidos.

Hasta la fecha no se ha dado ni una.

"El hecho es que Estados Unidos no ha dado información sobre lo que les ocurrió a estas personas, ni ha dado a conocer sus nombres", dijo Rachel Meeropol, abogada del Centro para la Defensa de los Derechos Constitucionales, una organización activista que representa a varios detenidos en la base estadounidense en Bahía de Guantánamo, Cuba.

"Hasta donde sabemos, la mayoría de estas personas que fueron arrestadas por violaciones a la ley de inmigración posteriormente permanecieron detenidas hasta que se las absolvió de todo vínculo con el terrorismo. Creemos que eso explica por qué fue detenida la mayoría de esas personas", añadió.

Esto es lo que se sabe: de los 1.200 arrestados en el PENTTBOM, 762 fueron acusados de violaciones a la ley de inmigración por orden del FBI, porque los agentes pensaban que podrían estar relacionados con el terrorismo. Partovi fue uno de esos 762. Así como él había usado un pasaporte falso, casi todos estos detenidos habían violado las leyes de inmigración, ya sea por excederse del período autorizado en sus visas, por entrar ilegalmente al país o violar alguna otra ley de inmigración.

A diferencia de Partovi, casi todos fueron deportados o liberados en algunos meses.

Todavía quedaban al menos 438 personas más de quienes no se había dado una justificación para su arresto. La mayoría de esos individuos, indicaron las autoridades del Departamento de Justicia, fueron liberados en cuestión de días. Pero al menos 93 fueron acusados de delitos federales y procesados en los tribunales, y un número no identificado fueron considerados testigos materiales.

A medida que pasaron los años, dijo Gelernt de la ACLU, la preocupación del público en torno al tema se diluyó.

"En un principio se dio mucha atención a las 1.200 personas, pero todavía no estamos seguros exactamente de qué fue lo que les ocurrió a todos", agregó.

En cuanto a Partovi, denunció que los guardiacárceles donde estuvo en un principio "derramaron café caliente sobre mi cuerpo, y también me vertieron agua helada", escribió en una demanda, donde agregó que le esposaron las manos y los pies, lo cual provocó que "mi tobillo y mis extremidades inferiores se hincharan en forma anormal".

"Tengo la firme creencia de que estoy sujeto constantemente a abuso físico (debido) a mi origen étnico, soy iraní de origen persa", escribió en otra demanda interpuesta a mediados de año. En ese texto argumentó que las autoridades de inmigración lo obligaron a hincarse mientras estaba esposado, y luego lo patearon y lo golpearon en el estómago y los riñones.

"Como pueden imaginar, esto es muy, muy doloroso cuando estás esposado con las manos detrás (de la espalda)", escribió.

Terra/AP

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