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¡Larga vida a Irak! gritó el ex dictador condenado a morir ahorcado

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"¡Larga vida a Irak, larga vida a Irak!", repetía sin tregua Saddam Hussein en un vano intento de sofocar la voz del juez Rauf Rachid Abdel Rahman, que pronunciaba el temido veredicto contra el ex dictador iraquí: la pena de muerte en la horca.

05/nov/2006.- El ex presidente, de 69 años, ataviado como en anteriores comparecencias, con una camisa blanca y un traje de color oscuro, se mostró conmocionado por la sentencia, leída en la sede del Alto Tribunal Penal iraquí, en la fortificada Zona Verde de Bagdad.

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Pero al antaño hombre fuerte de Irak parecía preocuparle más la perspectiva de ser ahorcado que la propia muerte. En julio, Saddam ya había comunicado su preferencia por ser fusilado.

"¡Alá es más grande que el ocupante!", clamó, mientras agitaba un ejemplar del Corán, antes de que cuatro guardias le agarraran con fuerza para hacerle salir de la sala de audiencias, con las manos atadas a la espalda.

Los agentes ya habían recurrido a la fuerza momentos antes para obligarle a ponerse de pie, ya que el ex dictador se negó a levantarse tras la llegada del magistrado. "¡No me tuerzan los brazos, no me tuerzan los brazos!", protestó Saddam.

Un guardia fue expulsado de la sala por mofarse abiertamente del ex reo.

Saddam permaneció apenas unos minutos en la sala del tribunal, donde los ocho coacusados fueron llamados uno por uno para escuchar su veredicto por su papel en la matanza de 148 chiitas de la localidad de Dujail en los años 80, en represalia por un atentado fallido en 1982 contra el entonces presidente.

Sólo fue absuelto el primero en hacer acto de presencia, Mohamed Azzam al Ali, un ex miembro local del partido Baas, el único que puede albergar esperanzas de salir próximamente del campo Cropper, la cárcel estadounidense cerca del aeropuerto de Bagdad donde se encuentran detenidos los ocho.

Al llegar el turno de Saddam, el juez, obligado a alzar la voz para hacerse escuchar, dictó: "La pena capital debe ser aplicada".

Otro de los condenados a muerte, su hermanastro y ex jefe de los servicios de inteligencia, Barzan al Takriti, montó en cólera tras conocer su sentencia: la muerte en la horca.

"Larga vida al Baas, esta condena fue planeada con anterioridad", clamó el hermanastro de Saddam, cuyos arrebatos de ira fueron frecuentes durante las audiencias del juicio, iniciado en octubre de 2005.

Antes que Takriti, el ex presidente del tribunal revolucionario Awad Ahmed al Bandar, también condenado a muerte, había sido expulsado de la sala a tiempo que bramaba "¡Alá es grande para todos los traidores!".

La reacción del ex vicepresidente iraquí Taha Yassin Ramadan, quien escapó de la pena de muerte solicitada por el fiscal al ser condenado a cadena perpetua, resultó ser menos temperamental: "Rechazo esta condena, que no tiene nada que ver con los hechos".

Los otros tres coacusados, tres ex dirigentes locales del Baas, que deberán cumplir penas de 15 años de cárcel cada uno, acogieron el veredicto sin pronunciar palabra.

Terra/AFP

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