América Latina
06/12/2006 - 15:45 (GMT)
La Cumbre de Presidentes de Sudamérica tendrá lugar a partir del viernes próximo en medio de un tenso clima político, con acusaciones de la oposición de envío de grupos de choque oficialistas a intervenir una huelga de hambre en una iglesia católica y con nuevos ataques del presidente Evo Morales a los ayunadores.
En un evidente intento de mejorar la imagen internacional, Morales pidió el martes una tregua a la oposición y al creciente movimiento cívico que rechaza sus supuestos planes para controlar la aprobación de una nueva constitución en la Asamblea Constituyente.
Pero el pedido fue opacado por intentos de presuntos militantes del oficialismo de linchar al escritor independiente Juan Claudio Lechín, que cumplía una huelga de hambre contra el gobierno y por insultos de Morales a varios de los cerca de 700 ayunadores. El novelista dijo que incluso le lanzaron dinamita.
"Es lamentable la doble moral y el doble discurso del presidente Morales, que por un lado dice estar preocupado por la imagen del país en la Cumbre Sudamericana y por otro lado alienta y fomenta el enfrentamiento entre los bolivianos, con declaraciones desaprensivas en contra de cualquier ciudadano que se anime a contradecir su línea autoritaria", dijo a la AP el vocero y asambleísta de la principal fuerza opositora Podemos, José Antonio Aruquipa.
Morales denunció el martes que varios de los huelguistas del piquete atacado en la iglesia católica de San Francisco, en el centro de La Paz, tenían vínculos con el narcotráfico o habían atentado contra los derechos humanos, pero no presentó pruebas.
La Cumbre presidencial debe realizarse este fin de semana, en la central ciudad de Cochabamba.
Lechín denunció a la prensa desde la clandestinidad que un grupo de decenas de militantes del oficialista Movimiento al Socialismo (MAS), "enviados desde arriba (el gobierno)", intentaron asesinarlo lanzando dinamita al interior de una histórica iglesia católica del centro de La Paz, donde cumplía la huelga de hambre.
Dijo a radio Panamericana que el piquete atacado seguirá cumpliendo la huelga tras escapar de San Francisco.
El vocero presidencial Alex Contreras dijo que el gobierno rechaza la violencia "venga de donde venga", aunque declinó comentar declaraciones previas de la ministra de Gobierno (Interior), Alicia Muñoz, de que no enviaría a la policía a preservar la seguridad de Lechín porque ella tenía cosas mas importantes que hacer.
En tanto, el vicepresidente Alvaro García dijo a periodistas que los agresores no eran del MAS y que un estrecho colaborador extranjero, a quien se acusa de organizar operaciones contra la oposición, hubiera dirigido el ataque.
La oposición, el movimiento cívico, los prefectos (gobernadores) opositores --cuatro de ellos también están en huelga de hambre-- exigen al gobierno que respete la ley de convocatoria a la Asamblea y que instruya al MAS la anulación de un reglamento aprobado en noviembre que le permite sancionar una nueva constitución con su mayoría.
Según esos sectores, la ley y la actual constitución exigen que la nueva constitución debe ser aprobada por dos tercios de los votos de los miembros de la Asamblea. El gobierno plantea un sistema de mayoría absoluta para aprobar todos los artículos de la nueva carta --posiblemente más de 200--, con excepción de sólo tres, que podrían serlo con dos tercios.
Buena parte de los 56 legisladores de Podemos y de sus 60 asambleístas cumplen también la huelga de hambre, lo mismo que dirigentes cívicos y empresariales de Santa Cruz, el departamento más rico y extenso de Bolivia.
El prefecto cruceño, Rubén Costas, también cumple la huelga y ha anunciado la convocatoria a un cabildo popular para que ese pueblo decida si se da un gobierno autónomo de facto, bajo la modalidad española.
En tanto, el obispo auxiliar de Santa Cruz, Sergio Gualberti, deploró el intento de linchar a Lechín y los graves destrozos en la iglesia de San Francisco, un monumento histórico.
Las imágenes televisivas permiten observar a decenas de activistas corriendo por los pasillos del convento al grito de "muera Lechín", rompiendo todo a su paso y amenazando con palos a un fraile. El escritor es hijo del legendario líder sindical boliviano Juan Lechín Oquendo.
Terra/AP