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La leyenda de W.H. Russell sigue viva cien años después de su muerte

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09/02/2007 - 17:11 (GMT)

Pedro Alonso Londres, 9 feb (EFE)- En la cripta de la londinense catedral de San Pablo hay una placa que recuerda al mítico William Howard Russell, padre del periodismo de guerra, de cuya muerte se cumplen mañana cien años, aunque su leyenda sigue viva en el siglo XXI.

Historia continua abajo

Generación tras generación, Russell ha inspirado a infinidad de reporteros desplazados a zonas de conflicto para narrar los horrores de la guerra, muchas veces a costa de su propia vida.

Nacido en Irlanda en 1820 pero criado en Liverpool (norte de Inglaterra), William Howard Russell, a quien sus amigos llamaban "Billy", trabajó para el famoso diario londinense "The Times".

Un día de febrero de 1854, el director del periódico, John Thadeus Delane, decidió enviar al entonces joven reportero a la Guerra de Crimea (1853-1856), que enfrentó al Imperio Ruso y una alianza formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio Turco.

Como declaró a EFE Richard Beeston, corresponsal diplomático del "Times", fue una decisión periodística sin precedentes.

"En aquella época, la cobertura de las guerras corría a cargo de oficiales del Ejército y era favorable a los militares. Lo que Russell hizo fue romper ese molde", dijo Beeston, curtido como periodista en conflictos como la Guerra Irak-Irán (1980-1988), la Guerra del Golfo (1991) o la Guerra de Bosnia (1992-1995).

No existía, pues, la llamada "tribu" de los corresponsales de guerra cuando Russell llegó a Crimea, donde debía permanecer hasta Semana Santa, si bien acabó quedándose dieciocho meses.

Publicadas con la rúbrica "Nuestro propio corresponsal-El hombre del Times", sus despachos desde el frente criticaban la deficiencias y desatenciones médicas del Ejército británico, cuyos soldados -escribía Russell- morían "sin un mínimo esfuerzo para salvarlos".

Según comentó a EFE David Randall, autor del libro "Los grandes reporteros" (2005), el mando militar británico "no impuso ningún control sobre él", como sucedería hoy día, por falta de "experiencia previa" sobre la presencia de reporteros en las trincheras.

Una de las hazañas del "hombre del Times" fue ser testigo, el 25 de octubre de 1854, de la carga suicida de la Brigada Ligera de la Caballería inglesa ante la plaza rusa de Balaclava.

El relato de la batalla, que continúa siendo toda una clase de reporterismo, se publicó el 14 de noviembre en el "Times" y provocó una conmoción tal en Inglaterra, que un año más tarde dimitió el entonces primer ministro, George Hamilton, cuarto conde de Aberdeen.

La propia reina Victoria expresó su enfado al periódico por la cobertura del conflicto y su marido, el príncipe Alberto, llegó a sugerir al Ejército el linchamiento de ese "miserable escritorzuelo".

Con motivo de esa batalla, Russell acuñó también la conocida expresión "The red thin line" ("la delgada línea roja"), referida a la línea que formaron los fusileros británicos, vestidos a la sazón con casacas rojas, frente a la caballería rusa.

En febrero de 1856, el Ejército británico ya dictó una orden general que prohibía a los corresponsales de guerra difundir detalles que pudieran ayudar al enemigo, pero la guerra estaba casi terminada y Russell volvió a su país en olor de multitudes.

Después, el reportero cubrió otros conflictos, como la Guerra Civil Americana (1861-1862), la Guerra Austro-Prusiana (1866) y la Guerra Franco-Prusiana 1870-1871).

Y llegó a ser recibido en la Casa Blanca por el presidente Lincoln, quien le acogió con la frase: "El Times de Londres es uno de los mayores poderes del mundo. Me alegra conocer a su ministro".

Sin embargo, el "hombre del Times" pasó a la historia por sus despachos telegrafiados desde Crimea, que provocaron la caída de un Gobierno y la creación del primer cuerpo de enfermeras militares.

Más de un siglo y medio después de la contienda, Russell sigue siendo, además, una "referencia de valentía moral" para los periodistas, en palabras del escritor David Randall.

William Howard Russell murió el 10 de febrero de 1907 en Londres y hoy día puede leerse en la placa de la catedral de San Pablo que fue "el primero y el más grande de los corresponsales de guerra".

EFE pa/jm/sc (con foto)

Terra/EFE

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