Cuba-Iglesia Nota
24/02/2007 - 14:30 (GMT)
Monseñor Pedro Meurice, el "duro" de la jerarquía católica cubana, se jubila y abandona este sábado la Catedral de Santiago de Cuba, desde cuyo púlpito provocó más de una vez tensiones con el Gobierno de Fidel Castro, en sus 40 años como arzobispo en la segunda ciudad de la isla.
"Yo soy duro, Dios lo sabe, de 'coco (cabeza)' y de corazón", reconoció Meurice el pasado domingo en su homilía de despedida, al agradecer a su fallecido antecesor Enrique Pérez Serantes haberlo ungido como sacerdote y llamado a servir como obispo auxiliar.
Pérez Serantes intercedió en julio de 1953 por la vida del entonces joven abogado Fidel Castro, quien se encontraba preso tras el asalto al Cuartel Moncada.
Meurice, quien se jubila por llegar a los 75 años, cobró notoriedad mundial el 24 de enero de 1998, cuando recibió en su diócesis al Papa Juan Pablo II y pronunció una bienvenida pública dura ante el general Raúl Castro, segundo hombre de Cuba, actualmente en el poder provisional por enfermedad de su hermano, el presidente Fidel.
"Le presento además, a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas y la cultura con una ideología", dijo Meurice ante la sorpresa de los presentes.
Desde el triunfo de la Revolución en enero de 1959, y sobre todo después de declarado su carácter socialista en 1961, las relaciones entre la jerarquía católica y el gobierno han sido ondulantes, con períodos muy tensos -en la década de los 60- o mas relajados, tras la visita papal.
La misa de Santiago de Cuba (sureste), tercera después de las oficiadas por el Papa en Santa Clara (centro) y Camagüey (este), fue la única que provocó inquietudes políticas debido a las palabras del arzobispo.
"Deseo presentar en esta Eucaristía a todos aquellos cubanos y santiagueros que no encuentran sentido a sus vidas, que no han podido optar y desarrollar un proyecto de vida por causa de un camino despersonalizado que es fruto del paternalismo", dijo Meurice al Sumo Pontífice.
Aunque latente, el incidente quedó silenciado públicamente hasta la muerte del Papa, cuando Fidel Castro rindió tributo a Juan Pablo II al asistir a una misa en la catedral y hablar del Papa en una comparecencia televisiva, el 7 de abril de 2005.
"No le guardamos ningún rencor a ese arzobispo, quiero hacerlo contar", dijo Castro en referencia a Meurice y aseguró que "nosotros estamos dispuestos a olvidar".
El presidente aseveró que "ni el Papa ni el Cardenal" (Monseñor Jaime Ortega) sabían con anterioridad el contenido de la homilía de Meurice, de las que no eran ajenos al parecer tres asesores del entonces senador Jesse Helms, propugnador de la ley Helms-Burton en 1996, que viajaron a Cuba para la ocasión", dijo Castro.
Entre ellos estaba Roger Noriega, después subsecretario de Estado, un "bandido" y "sinvergüenza", al decir de Castro, quien visitó a Meurice en Santiago de Cuba antes de la homilía. El propio Meurice lo comunicó en una entrevista que solicitó con el actual ministro de Salud, José Ramón Balaguer, quien lo recibió en su carácter de alto funcionario del Partido Comunista.
"Estamos dispuestos a favorecer la actividad de las iglesias, la actividad legal y leal", precisó Castro en esa fecha.
Pero al despedirse de sus fieles, el pasado domingo, Meurice pronosticó que "llegará el día en que tanto dolor y tanto sufrimiento, tanto trabajo, tanto sudor, no serán en vano, darán su fruto y fruto abundante", añadió.
Durante su visita de 1998, el Papa pidió que "el mundo se abra a Cuba y que Cuba se abra al mundo".
Meurice dijo que su última petición es que "el mundo no cambia, Cuba no cambia si no se lo pedimos a Dios con una insistencia y una constancia renovada".
"Me voy, pero no me voy de Cuba, estoy sembrado aquí gracias a Dios (...) y no me voy de aquí, ni aunque me arranquen", se despidió Meurice, quien será reemplazado por Monseñor Dionisio García.
Terra/AFP