Internacional
21/03/2007 21:26 (GMT)
Por Dmitry Solovyov
NOVOKUZNETSK, Rusia (Reuters) - Acostado en una cama de la unidad de cuidados intensivos con una conmoción cerebral, Ilya Kokorin no recuerda cómo sobrevivió al peor desastre minero del que se tenga memoria en Rusia.
Ahora tiene un deseo.
"Deseo retornar a mi lugar de trabajo," dijo a Reuters Kokorin, de 46 años, quien tiene sus manos y rostro quemados por la explosión de gas que devastó el lunes a la mina Ulyanovskaya en Siberia.
Ajeno a la magnitud del desastre, que hasta el momento ha reclamado la vida de 107 personas, Kokorin preguntó con lágrimas en los ojos:
"ãTiene alguna información respecto a cuántos muchachos aún están allí abajo?"
Los médicos hicieron señas con las manos para que no se lo dijeran, de modo que permanecí silencioso.
"Lo mismo de siempre, usualmente lo hacen así," se quejó Kokorin.
Yelena Baranova, la médica a cargo de la unidad de cuidados intensivos en un hospital en Novokuznetsk, 37 kilómetros al norte de la mina, explicó: "Estamos intentando no traumatizarlo. Aún no se ha dado cuenta del número real de muertos."
Los médicos que lo atienden dijeron que además de sus quemaduras, Kokorin tenía tres costillas fracturadas, su muñeca izquierda, tobillo izquierdo, rodilla y una vértebra rotos y el cuero cabelludo lacerado.
El minero habló con dificultad mientras trataba de recordar lo que sucedió el lunes bajo la tierra. Su trabajo era llevar a los mineros a la pared de carbón en un vehículo mecánico.
"Fui a ver otro nivel (del pozo) (...) y luego de caminar unos 20 metros hubo una explosión y desde ahí no recuerdo nada," describió.
"Recuperé la conciencia en el hospital," agregó.
Las autoridades rusas iniciaron una investigación sobre la explosión en la mina, pero aún no han establecido por qué el gas se acumuló dentro de los pozos. La mina abrió en el 2002 y contaba con modernos sistemas de seguridad.
Kokorin dijo que ninguno de sus dos hijos, de 23 y 25 años, decidió seguir a su padre hasta las minas en el Kuzbass, una vasta área de minería de carbón en Siberia ubicada 3.500 kilómetros al este de Moscú.
"Sabe, esta no es la primera vez que resulto herido bajo tierra," precisó. "Lo han visto, de modo que no están siguiendo mis pasos. Eligieron sus propios caminos y se han convertido en especialistas en computación."
Kokorin concluyó deseando a los mineros que "nunca se encuentren en un problema similar."
Terra/Reuters