EDUCACIÓN
10/07/2007 - 23:01 (GMT)
Mary González Nieves Washington, 10 jul (EFE)- Los políticos y universidades necesitan delinear nuevas estrategias si quieren ayudar a la clase trabajadora pobre a tener un mayor acceso a la educación superior, según un informe el Instituto de Política para la Educación Superior publicado hoy.
A pesar de que la noción de que una educación superior representa el camino para salir de la pobreza, las políticas federales y, en algunos caso impedimentos que imponen las mismas universidades, "obstaculizan los trámites para alcanzar los codiciados grados universitarios", puntualiza el estudio.
Según estadísticas de la Oficina del Censo, de la población estadounidense entre los 24 y 64 años de edad, el 30 por ciento de la clase trabajadora pobre en el país es de origen hispano.
Asimismo, el 20 por ciento de los latinos en EE.UU. es pobre y tampoco está empleado.
El mayor obstáculo de este grupo poblacional para comprometerse con los estudios es la limitación de ingresos, que apenas da para sobrevivir, "y el conocimiento de que cualquier emergencia se traduciría en severas consecuencias financieras para sus familias", explicó Alisa Cunningham, directora de la investigación del Instituto con sede en Washington.
El estudio "Acceso universitario para los trabajadores pobres:
venciendo obstáculos para tener éxito en la educación superior"
resalta cómo el sistema actual abona el problema.
Por ejemplo, se critica que la ayuda estudiantil federal dejó de cubrir un promedio de casi 4.000 dólares de los costos solicitados por los trabajadores adultos durante el año escolar 2003-2004.
Sin embargo, Cunningham aclaró que "aumentar la ayuda financiera tampoco es la solución".
El reporte enfatiza en que los sectores públicos y privados "pueden trabajar juntos" con el fin de ayudar a más personas pobres a alcanzar sus metas educativas.
Una de las maneras de hacerlo es "aminorando su carga financiera".
Entre otros, sugiere aumentar los servicios de apoyo en las universidades y expandir los programas de mentores "para acabar con el aislamiento de numerosos adultos pobres que no tienen las mismas oportunidades que otros para romper con el ciclo de la pobreza".
Para lograr este cometido, tanto los sistemas de ayuda federal estudiantil, tributario y de beneficencia "necesitan ser reformados".
"El Congreso estadounidense tiene que mejorar la financiación estudiantil", agrega.
Para empezar, se sugiere que los estudiantes puedan ganar más dinero en sus empleos y todavía "ser candidatos a recibir las máximas ayudas financieras del gobierno." El informe también sugiere elevar el máximo del ingreso familiar sin que se "afecte o penalice la cantidad de dinero que el estudiante cualifique a recibir".
Por otro lado, pide que la asistencia a una universidad o colegio universitario cuente como "un empleo" bajo las condiciones impuestas por el sistema de beneficencia, y que se "reembolse en la planilla de contribución sobre ingresos" los costes incurridos por gastos de educación.
"Al hacerlos reembolsables, permitirían a estudiantes y familias que no ganan lo suficiente recibir de los impuestos federales un reembolso si incurren en ciertos gastos relacionados con la educación", explicó Cunningham.
Asimismo, el análisis hace un llamado a las universidades y colegios para que "pongan de su parte" para aumentar el acceso de la clase trabajadora pobre en sus campus.
Pide, entre otros, que las instituciones de educación superior extiendan sus horas de oficinas de noche y fines de semana para ofrecer ciertos servicios estudiantiles claves, como ayuda económica, estudio y trabajo y asesoramiento académico.
El reporte del Instituto de Política para la Educación Superior reitera que la clase obrera pobre está en una situación muy precaria en la sociedad estadounidense.
"Trabajan duro y contribuyen a la economía nacional pero en muchas formas están rezagados -social y económicamente- debido a limitados alcances educativo", explica.
Apenas el 18 por ciento de los pobres adultos trabajadores ostenta un grado asociado (de un colegio universitarios con programas de dos años), un grado universitario de cuatro años o un grado avanzado, maestría o doctorado, revela el Censo.
Finalmente, el documento subraya que "está en juego la salud financiera" de aproximadamente 20 millones de trabajadores estadounidense "quienes luchan para mantenerse a flote" en una economía que cada vez depende más de personas de alta formación. EFE mgn/ma
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