PERÚ-SISMO/NIÑOS
21/08/2007 - 07:18 (GMT)
Chema Ortiz Pisco (Perú), 21 ago (EFE)- Los niños juegan y ríen en los campamentos instalados en la devastada ciudad de Pisco para alojar a los afectados por el terremoto que sacudió el miércoles pasado Perú, y son también los que más sufren el trauma y las enfermedades derivadas de la catástrofe.
Piero, Jordano, Stefan y otra media docena de niños, de entre 7 y 11 años, juegan en un campamento instalado, más mal que bien, en la plaza del barrio de Tupac Amaru, al pie de un cerro sobre el que se levanta la imagen del Corazón de Jesús, a las afueras de Pisco, junto a la carretera Panamericana.
"Jugamos al fútbol todos los días", dice a Efe, con el balón en la mano, Stefano, que no conocía a sus compañeros de partido hasta el pasado miércoles, cuando llegaron con sus familias, aterrados tras ver caer sus casas en el centro de Pisco, la "zona cero" de la tragedia.
Para intentar quedar bien, Piero dice que, además de jugar al fútbol, "ayudamos a la mamá a hacer la habitación", ante lo que Jordano pregunta: "¿qué habitación?", y obliga a decir a su compañero: "bueno, a organizar la carpa", lo que hace reír a todos.
Aunque admiten que las carpas, muchas de ellas muy precarias, hechas con plásticos, telas y cañas, "no son muy buenas", aseguran, muy optimistas, que "no estamos mal aquí", donde les llega el agua, la comida, la ropa y el cobijo facilitados por la cooperación nacional e internacional.
Además, junto a su campamento, hay un consultorio médico de la organización adventista ADRA, de Lima, instalado el jueves pasado, según explica Anderson Palacios, uno de los médicos, que indica que los pacientes, unos 400 al día, son el doble de niños que de adultos.
Las enfermedades que más atienden son las respiratorias, producto del polvo, el frío y la humedad que han padecido en los últimos días los menores del campamento y del poblado donde está instalado, al quedar a la intemperie tras perder sus casas en el cataclismo.
Igual que en Tupac Amaru, en el Parque de la Ciudad, en el centro de Pisco, los médicos cubanos que han instalado un hospital móvil para atender uno de los mayores albergues de la población, donde se concentran ya más de 3.000 personas, también tienen como principales pacientes a los niños.
El pediatra Bernardo Jorge explica que, aunque han atendido pacientes de todas las edades, de dentro y fuera del campamento, en las menos de 24 horas que llevan en Pisco, la mayoría son niños "con infecciones respiratoria agudas y también muchos con sarna".
Pese a los casos de sarna, los médicos cubanos no han detectado epidemias infecciosas o pestes de parásitos, como las pulgas, al menos en Pisco, donde han instalado dos hospitales completos, con consultas de todas las especialidades básicas y salas de cirugía, terapia intensiva, internamiento, rayos X y laboratorio.
Fuera del hospital, el capitán médico Dante Molina, encargado de organizar el albergue, también comenta sobre los pequeños que corren, gritan y juegan en la hierba del parque que les acoge que "son niños y tiene que jugar, pese a todo".
Sin embargo, comenta que, casi todos los albergados en el campamento, y en especial los menores, cambian de semblante y muchos gritan cuando se producen réplicas del terremoto, que han sido frecuentes y algunas fuertes en los últimos días.
Una niña de 8 años, cuyo nombre no tiene registrado, tuvo que ser evacuada hoy a Lima tras ser atendida en el hospital cubano, pues, "por lo que nos explicó su abuela, vio morir a sus padres y se desmaya cada vez que lo recuerda", recalca Molina.
Un psiquiatra y dos psicólogas, una de ellas la cooperante española Aurora Posadilla, que evalúan la situación de los refugiados, preguntan a Molina sobre las actividades de los menores y si está previsto que se les den algunas clases, para que centren su atención y se impongan cierta disciplina.
"No es bueno que estén todo el día jugando", apunta Posadilla, quien elogia la iniciativa de un payaso, que también lo ha perdido todo menos su disfraz, de organizar un espectáculo para entretener a los menores, y también a los mayores, en varios campamentos.
El mayor peligro para los menores puede surgir en unos meses, en caso de que interioricen todo el miedo y el dolor que han sufrido, y desarrollen enfermedades o desequilibrios producto del síndrome postraumático, por lo que necesitan atención psicológica preventiva para aceptar su nueva situación.
La tragedia de los niños alcanza su máxima expresión con la muerte, el domingo, de Víctor Romero, de 12 años, último fallecido en la población de Guadalupe, cerca de la ciudad de Ica, al caerle una viga encima en casa de un vecino en una réplica del terremoto.
EFE cho/ah
Terra/EFE