América Latina
12/09/2007 - 16:23 (GMT)
Con una hora de retraso y entre golpes e insultos arrancó el miércoles la sesión secreta del juicio político al presidente del Senado, Renan Calheiros, el primero en Brasil en ser sometido a un proceso cuyo máximo castigo es la expulsión del congreso y un largo ostracismo político.
"A partir de este momento la sesión se transforma en secreta", anunció el vicepresidente del Senado, Tiao Viana, y de inmediato las imágenes transmitidas por la televisora oficial TV Senado, la única con acceso a la sala.
Poco antes del anuncio de Viana, unos 12 senadores hablaron en la Cámara Alta, pero no para debatir el juicio, sino para condenar el incidente ocurrido cuando 13 diputados intentaron entrar a la sala del Senado y agentes de seguridad del congreso intentaron impedirlo, aparentemente por no estar informados que los congresistas tenían autorización de la corte suprema para asistir a la sesión.
Entre golpes, insultos y un enjambre de camarógrafos y periodistas, el vicepresidente Viana debió abrir camino a los diputados.
Viana fue golpeado en la cara por un diputado y más tarde recibió un beso y la disculpa del diputado Fernando Gabeira que lo agredió. Luego aclaró que el incidente sería investigado y que los diputados serían asistentes, pero no votarían en la histórica sesión.
Sentado en la primera fila, Calheiros, de rostro serio, hacía los últimos retoques a su discurso escrito a mano y recibió los saludos de algunos de sus colegas, según mostraban las imágenes de TV Senado, transmitidas por pantallas en diferentes pasillos y salones del congreso hasta que Viana ordenó el inicio secreto de los trabajos.
La sesión tiene carácter reservado, tanto como la votación, por normas del congreso. El anunció oficial del resultado de la votación será hecho por Viana cuando concluya la sesión.
"Si Renan no consigue una votación como con la que fue elegido (presidente del Senado en enero pasado por 51 votos de los 81 senadores), no tendrá autoridad" para seguir al frente de la Cámara, dijo a los periodistas el senador Wellington Salgado, uno de los pocos defensores públicos del acosado jefe del Senado.
Ya sea para condenar o absolver, se necesitan 41 votos o la mayoría simple de los senadores.
Calheiros, de 51 años y miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) integrante de la coalición en el gobierno del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, mantiene su inocencia ante las denuncias de supuesto hechos de corrupción.
Con la votación, Calheiros llega al final de un proceso iniciado en mayo, cuando denuncias periodísticas le señalaron de recibir en 2004 y 2005 unos 8.000 dólares al mes en sobornos de una empresa privada de construcción, a cambio de interceder por ella en licitaciones públicas.
El senador vio después surgir nuevas denuncias de corruptelas en la prensa, aumentando la presión en el Senado por su renuncia a la presidencia y más tarde en la autorización la semana pasada de abrirle juicio político.
Lula, quien ha tenido en Calheiros a uno de sus más eficaces aliados para aprobar proyectos, se ha mantenido públicamente al margen del caso y sostiene que la definición de la suerte del senador es un asunto de las cámaras y no del poder ejecutivo.
Si la mayoría vota a favor en el juicio, Calheiros quedará automáticamente expulsado del congreso, además de impedido por dos mandatos u ocho años de concurrir a un cargo de elección popular, el máximo castigo el juicio político en Brasil. Pero como esa prohibición de postularse sólo rige a partir del fin de mandato de cuatro años de un congresista, y el de Calheiros concluye en el 2011, el senador quedaría fuera de la vida política hasta el 2019 o por 12 años.
En caso que el juicio sea negado, Calheiros salvará su curul, pero deberá enfrentar otros tres pedidos de investigación y juicio político formuladas por partidos de oposición.
Terra/AP