Birmania-disturbios Reportaje
08/10/2007 - 09:04 (GMT)
Hace apenas dos semanas la vida de Yin Phoe Htoo estaba regida por la rutina austera pero serena del monasterio de Rangún al cual había llegado hace cinco años como novicio.
Todas las mañanas, este adolescente de 15 años se levantaba a las 04H00, tomaba su desayuno y partía, con su túnica color azafrán, para reunirse con los vecinos y recibir ofrendas.
Pero desde la brutal represión de un movimiento de protesta popular dirigido por miles de bonzos, Yin Phoe Thoo vive en la clandestinidad. Se oculta en casa de una familia que tenía la costumbre de darle limosna.
Su traje de monje fue reemplazado por una camiseta y un "longyi" (vestimenta tradicional birmana).
"Me gustaría ser novicio otra vez. Me avergüenza vivir aquí con esta familia", explica a la AFP bajo una falsa identidad para reducir los riesgos de represalias del ejército en el poder.
Sin embargo, por ahora este joven no tiene otra alternativa.
Al menos tres monjes murieron y cientos de otros fueron golpeados y arrestados cuando las fuerzas de seguridad actuaron a partir del 26 de setiembre contra manifestantes en Rangún, utilizando los medios clásicos de lucha antimotines, pero disparando también balas reales.
La violencia de la represión, que permitió a las autoridades recuperar el control, conmocionó a la población de este país profundamente budista y los habitantes que viven cerca de monasterios decidieron albergar a monjes a pesar del peligro.
A veces, Yin Phoe Htoo no duerme durante toda la noche. En cuanto entra en vigor el toque de queda, a las 22H00, los camiones militares invaden algunos barrios de Rangún. A bordo de estos vehículos soldados con altoparlantes amenazan arrestar a toda persona vinculada a las manifestaciones.
"Los soldados utilizaron el toque de queda para lanzar ataques contra los monasterios y arrestar a quienes consideraban sus líderes", explica una mujer de 56 años que protege a dos novicios, incluyendo a Yin Phoe Htoo.
El 27 de setiembre pasado, una operación particularmente violenta contra el monaterio de Ngwekyaryan enfureció a los habitantes del barrio de Okkalapa, donde miles de personas salieron a las calles para desafiar a las autoridades. Los soldados, presa del pánico, dispararon contra la multitud, matando a por lo menos ocho manifestantes.
"Nosotros estábamos totalmente desmoralizados, en particular las mujeres, porque las tropas eran más fuertes y nosotros no podíamos proteger a los monjes", explica este hombre del barrio, de 57 años.
"Los religiosos de Ngwekyaryan son muy respetados. Todos los años otorgan la enseñanza gratuita a nuestros hijos", añadió.
En lo que respecta a las causas de la crisis, Yin Phoe Htoo señala que él mismo pudo constatar la agravación de las condiciones de vida de la población, fundamentalmente después de los aumentos masivos de precios a mediados de agosto.
"Para las ofrendas, la gente tenía la costumbre de darnos arroz y curry. Más tarde sólo hubo arroz, y ahora muchos hogares dejaron incluso de darnos arroz porque ni siquiera pueden comprarlo para ellos mismos", indicó.
Terra/AFP