En manos menos diestras, el tema hubiese representado un reto insuperable, pero Ramos logra transmitir la energía de la época, la solidaridad de la lucha por los derechos civiles y los altibajos del movimiento en un relato lleno de acción, intriga e incluso reflexión.
Es evidente que su experiencia literaria, al igual que como abogado de Servicios Legales en Colorado, le sirvió de mucho al construir esta novela.
Mejor conocido por sus novelas de crimen como "The Ballad of Pocky Ruiz" (1993) y "The Ballad of Gato Guerrero" (1994) entre otras, Ramos maneja hábilmente la intriga, lo cual libra la lectura de didactismo o hagiografía.
Sin embargo, el autor confiesa que decidió abandonar las convenciones del género detectivesco, ya que la historia que quería contar le exigía un formato diferente.
"La historia de Hidalgo no cabía dentro de la ficción de crimen", dijo a Efe.
Ramos asegura que los personajes de la novela lo persiguieron durante diez años, durante los cuales trabajó en otros libros, pero siempre llevando en mente a Hidalgo, Tino, Catarina, Pancho y Soledad.
"En realidad no le presté atención al género de la novela hasta que ya había escrito bastante de la misma", afirmó.
"Después de todo, la historia es lo que importa; no cómo se le clasifique en las librerías", añadió.
A pesar de su ambigua clasificación, la novela figura entre los éxitos de librería en Colorado, lo cual puede atribuirse a que narra una historia específica al movimiento chicano que, a su vez, resulta universal.
La novela comienza con el funeral de Hidalgo, y aunque no sabemos nada del personaje, de inmediato nos damos cuenta de que se trata de alguien importante.
De ahí damos marcha atrás a la humilde infancia y juventud del personaje, y lo vemos convertirse de obrero agrícola, a vendedor ambulante, a organizador y líder político.
Con el tiempo, Hidalgo asciende rápida pero accidentadamente la escala política hasta convertirse en el líder incuestionable de un movimiento que desde hacía mucho latía bajo tierra.
Como muchos líderes carismáticos, Hidalgo confía demasiado en su elocuencia y poder, lo cual eventualmente le conducen a la pérdida.
Aquí la pérdida es trágica, aunque no sin recompensas.
La vida de Hidalgo, después de su caída, es un círculo perfecto, completando en sentido contrario todas las etapas ya vividas, hasta morir cultivando la tierra.
Sin embargo, algo fundamental ha cambiado: al final la tierra que cultiva es suya.
En la última sección de la novela se revelan dos acciones simultáneas: la caída del movimiento político y el firme establecimiento de la literatura chicana.
Los nombres de escritores como Rudolfo Anaya, Lorna Dee Cervantes, Sandra Cisneros y Lucha Corpi se citan con entusiasmo y esperanza sobre lo que significa su presencia en la literatura estadounidense, algo que quizás no hubiese sido posible sin el movimiento chicano, con todos sus defectos y virtudes.
Ramos insiste en que el movimiento tuvo un impacto directo en el desarrollo cultural de la comunidad chicana.
"Los chicanos y chicanas son, por autodefinición, seres políticos con una conciencia que exige justicia y cambio progresista", explica.
Según Ramos, la literatura de la época, al igual que la música y las artes visuales, reflejan las mismas exigencias de cambio que la facción activista del movimiento.
"Con más sutileza quizás, pero con igual legitimidad", finalizó el autor.
(KING OF THE CHICANOS. Manuel Ramos. Wings Press. 174 páginas).EFE lg/cs (foto)

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