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24 de junio de 2012 • 09:24 PM • actualizado el 10 de agosto de 2012 a las 10:02 AM

Los líderes mundiales dejan la economía verde en el tintero

En la plenaria, los gobernantes demostraron que solo coinciden en los puntos mínimos recogidos en la declaración.
Foto: AFP
 

 Los líderes mundiales concluyeron  la conferencia Río+20 con un tibio apoyo a la economía verde, que quedó en el tintero de las buenas intenciones, relegada por las urgencias de la crisis y dejada a la suerte de la iniciativa privada.

La declaración final reconoció la importancia de dar impulso a una economía respetuosa con el medio ambiente, pero postergó hasta 2014 la decisión de crear instrumentos financieros para apoyar la transición a ese modelo, lo que supuso una decepción para los ecologistas y los gobiernos que demandaban compromisos concretos.

Los países emergentes, aglutinados en el grupo G77, pretendían crear un fondo de 30.000 millones de dólares para financiar proyectos de desarrollo sostenible.

Esta propuesta corrió la suerte del resto de puntos polémicos y se eliminó del texto debido a la oposición de los países industrializados, que dan prioridad a la atención a la crisis económica.

El director de la ONG Ecologistas en Acción, Samuel Martín-Sosa, dijo que "el cierre en falso" de la Río+20 pone en evidencia "la falta de voluntad política" de los gobernantes que, según él, insisten en el "enfoque equivocado" de apostar todas las fichas al crecimiento económico.

"La receta que vuelve a ponerse en la mesa es más crecimiento económico. Creemos que hay una verdad incómoda que los líderes del mundo no quieren ver: no es posible que el crecimiento económico sea infinito porque el planeta es finito y tiene recursos limitados", afirmó el ecologista.

En la misma línea, la viceministra de Relaciones Exteriores de Venezuela, Claudia Salerno, dijo en la plenaria de la Río+20 que los países desarrollados "no están dispuestos a impulsar las transformaciones necesarias porque sus economías no lo soportarían".

"No se puede mandar a la gente a consumir más para salvar a las economías", sostuvo la jefa de la delegación venezolana.

La economía verde encontró incontables detractores entre los movimientos sociales que se congregaron en la Cumbre de los Pueblos para denunciar que detrás de ese concepto se esconde el "viejo capitalismo" que quiere hacer negocio con los recursos naturales.

La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, reconoció que "los gobiernos solos no pueden solucionar el problema" del cambio climático y trasladó parte de la responsabilidad a las empresas y a la sociedad civil.

El sector privado y las universidades han sido responsables de gran parte de los 692 proyectos de desarrollo sostenible anunciados durante la conferencia, que contemplan áreas como energía, medio ambiente y prevención de desastres y suman inversiones de 513.000 millones de dólares, según un recuento anunciado por la ONU.

El presidente del Foro Soria 21 de Desarrollo Sostenible, Amalio de Marichalar, explicó que si no fuese por la iniciativa de las empresas y de la sociedad civil, el problema del cambio climático continuaría estancado "en la discusión de cuestiones teóricas".

Quienes sí dieron el paso de las palabras a los hechos fueron los alcaldes de las mayores ciudades del planeta, reunidas en la red C40, que anunciaron metas ambiciosas de reducción de emisiones de gases contaminantes durante un foro paralelo a la Río+20.

Los alcaldes de estas 59 ciudades, cuya población suma 544 millones de personas, prometieron que cortarán las emisiones en 1.300 toneladas de dióxido de carbono hasta 2030, lo que supone cerca de un 60 por ciento de la cifra actual.

En la plenaria de la Río+20 los gobernantes demostraron que solo coinciden en los puntos mínimos recogidos en la declaración de Río, mientras que las grandes cuestiones los separan.

Varios de los líderes de los países más poblados del mundo, entre ellos potencias emergentes como China, Brasil o Rusia, subrayaron que cada país debe marcarse sus propios objetivos y utilizar sus propias herramientas para adaptarse a la economía verde sin renunciar a su desarrollo.

Esta postura fue totalmente opuesta al espíritu de la Cumbre de la Tierra de 1992, cuyo vigésimo aniversario celebra la Río+20 y de la que nacieron tres convenciones internacionales. 

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